Escenas de nuestros desperfectos

De aceptarse en sus términos, ese sistema permitiría que todos los ingresos y egresos del gobierno local fueran conocidos en tiempo real por los ciudadanos.

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EL SISTEMA DE TRANSPARENCIA

Cuando firmaron el convenio para desarrollar el sistema de transparencia del municipio, sintieron que estaban abriendo la puerta hacia una de las mayores contribuciones que podían hacerse a la administración pública del país.

De aceptarse en sus términos, ese sistema permitiría que todos los ingresos y egresos del gobierno local fueran conocidos en tiempo real por los ciudadanos.

Se trataba de algo más que un software tradicional.

Había mucho trabajo para organizar las fuentes de información, subirlas al sistema electrónico, capacitar a los funcionarios, revisar las rutinas de contabilidad; había que escanear documentos, crear archivos, poner orden.

Optaron por elegir una dependencia completa, para probar el sistema de manera integral. Luego irían por el resto.

Durante los meses que trabajaron juntos, los servidores públicos de esa oficina hicieron suyo el proyecto: tenían la convicción de estar en los umbrales de algo que podría trascender al resto de México. No era otra ocurrencia, sino una aportación indudable a la transparencia y la democracia.

Cuando hicieron las pruebas finales, el sistema voló como un avión: los enlaces electrónicos a los registros contables permitían conocer hasta el último de los movimientos realizados al día de ayer.

Gracias a lo lógica de los “cubos informáticos”, además, la información era accesible por dependencia, por funcionario, por programa, por empresa, por persona o por rubro administrativo.

Todos los caminos conducían a los registros correctos que, además, cualquier persona podía entender y seguir. Tras el ensayo hubo una salva de aplausos.

Una semana después los citaron en la oficina del presidente municipal para evaluar resultados.

La estrategia de presentación consistió en poner sobre el escritorio una computadora y un mouse: el alcalde sería invitado a utilizar el sistema como cualquier otra persona.

“No vamos a explicar nada, señor presidente. La idea es que usted mismo descubra la potencia de este sistema, que habla por sí mismo”.

Y así sucedió. Con media sonrisa en la boca, el más alto cargo del municipio comenzó a dar clicks en la máquina y a formular preguntas mientras manejaba el teclado: “¿Y estos datos, son reales?”. “Sí señor. Están tomados de su sistema contable, de sus archivos, de sus registros. Van al día”.

El alcalde comprendió bien la operación del sistema y fue oprimiendo botones cada vez con mayor ansiedad, mientras la media sonrisa se iba volviendo una mueca.

“¿También subieron los cheques y los contratos?”. “Sí señor. Todo está aquí. Todo está actualizado. Su equipo ha trabajado día y noche. Han hecho una excelente labor”. Cuarenta minutos después, el alcalde cerró el equipo. “Muy bien. Gracias por su trabajo –añadió–. ¿Podría usted venir conmigo, profesor, para afinar los detalles?”.

Una vez sentados en su oficina, se abrieron las cartas: “¿Me quiere usted encuerar, profesor? ¿No se da cuenta de que si abro esos datos me van a madrear?”. “No señor. No me doy cuenta. Creo que si los abre, se ganará un lugar propio en el escenario político nacional”. “No mame, profesor. Me está bajando los calzones. Si quiere seguir con este proyecto, vamos a revisar los papeles antes de subirlos a su sistema. Que los autorice mi tesorero. En tiempo real nada; quizás semestralmente, para que nos dé tiempo de depurar y consolidar. Además, no creo que el presupuesto municipal alcance para otra cosa”.

Al salir de la oficina, todo el equipo ya había comprendido que el proyecto no seguiría adelante. No había razones técnicas, ni profesionales, ni humanas. El problema estaba en el contenido de la información que iba a publicarse. Demasiada verdad para un país protegido por sus mentiras.

Quizás en otro momento, con otros gobiernos, con otra cultura, con otra conciencia, con otra forma de darle vida a la democracia.

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