Es cuestión de perspectivas

Fotos: cuartoscuro.com
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En innumerables conversaciones recientes, conocidos, familiares y amigos me han cuestionado si ahora sí ya me arrepentí de haber votado por López Obrador, mi respuesta ha sido “no”. Acto seguido, e inmediatamente después de su “no lo puedo creer”, enumeran, desde su punto de vista, una larga lista de “errores” por los cuales a México se lo va a cargar la tiznada, yo escucho siempre con atención sin intentar rebatir ninguna de sus razones, hasta que finalizan.

La cancelación del NAIM, la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y ser un populista que nos convertirá en Venezuela, son siempre el común denominador; la violencia y la inseguridad, siguen en la lista; algunas otras incluyen el ataque a los organismos autónomos y regulatorios que funcionan para generar contrapesos; su aparente autoritarismo y querer una dictadura; la situación económica, y ahora, su visión de la oposición “moralmente derrotada”; aunque en realidad y desgraciadamente para el propio López Obrador y para la democracia mexicana, la oposición en el terreno formal de los institutos políticos está totalmente desarticulada, fragmentada y en franca inoperancia.

“¿Has terminado?”, pregunto yo, para poder dar inicio a mi respuesta.

Sin duda, acepto en primer lugar que se han cometido innumerables errores, que no estoy de acuerdo con la implementación de algunas políticas, ni la participación de algunos actores; doy la razón en todo lo que estoy convencido que la tienen como el tema de la violencia e inseguridad, la desaceleración económica por la falta de inversión pública, e incluso agrego algunos elementos que no mencionan como la “Ley Bonilla” en Baja California, o el hecho de que pueda haber desarrollo sin crecimiento.

Y continúo, pero, “¿qué opinas de que el salario mínimo finalmente aumentó 16 por ciento; que los impuestos no han subido; que no hubo la devaluación que pronosticaban; que la inflación se ha mantenido en niveles sanos; que no ha aumentado la deuda pública; que haya un presidente con una preocupación legítima por los más jodidos; que por primera vez un secretario de Estado esté en la cárcel por corrupción; que finalmente las trabajadoras del hogar tengan seguridad social; que haya una lucha frontal contra los huachicoleros; que tenemos un presidente realmente trabajador y entregado, que da la cara y sigue recorriendo todo el país?”.

Errores hay muchos y el camino aún es muy largo, sin embargo, en lo personal, sigo creyendo en la transformación, en el cambio de régimen y en que López Obrador era la opción acertada; desgraciadamente no se ha rodeado de los mejores elementos y de la experiencia necesaria para combatir el certero diagnóstico del país que tiene, pero aún está a tiempo.

Finalmente, después de hacer ese balance, les pregunto:

“¿Sabes que en las encuestas de aprobación del presidente López Obrador, en promedio, al menos siete de cada diez mexicanos, aprueba su gestión?”.

No cabe duda que es cuestión de perspectiva, en democracia la opinión de todos es válida e importante, sin embargo, no todos vivimos en la misma realidad y por lo tanto no vemos con los mismos ojos lo que está sucediendo; hoy, cuando menos el 70 por ciento de los mexicanos sigue creyendo y aprobando al presidente, por algo será, o pretenden creer en la falacia de que todos ellos están equivocados ¿porque tienen otros datos?; mientras tanto, la oposición sigue desdibujada y sin ningún poder real de convocatoria social, y sus liderazgos (sin pretender descalificarlos), no pasan de creerse gurús e “influencers” de las redes sociales.

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