ENRIQUE KRAUZE

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El historiador Enrique Krauze está por convertirse en la primera víctima cultural e intelectual de la Cuarta Transformación.

A partir de que el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, presentara una denuncia en contra de quienes produjeron el documental “Populismo en América Latina”, se desató una embestida mediática para acusar al escritor Enrique Krauze de ser el cerebro de una “campaña sucia” para desprestigiar al entonces candidato López Obrador.

Los señalamientos que se le hacen son desproporcionados.

Se pretende hacer ver al discípulo de Octavio Paz como cabeza de una conspiración dirigida a subvertir al Estado mexicano, cuando hizo lo que muchos académicos y periodistas hemos hecho: evidenciar las características populistas y autoritarias de un candidato que, de ganar, pondría en riesgo la democracia.

Si de algo es culpable Krauze, como todos y cada uno de los que hoy se atreven a criticar al presidente de la República, es de ejercer el derecho constitucional a la libertad de expresión. Y también, claro está, a la libertad política.

El pensamiento del director de Letras Libres puede ser tan cuestionable como se quiera. Siempre ha sido un personaje polémico; carismático para unos y antipático para otros. Buen historiador para sus seguidores y un mal referente para sus críticos.

El hecho de estar vinculado a un determinado grupo empresarial o el defender, como algunos aseguran, causas de extrema derecha, tampoco justifica que se le pretenda perseguir y  enjuiciar como si se tratara de un transgresor.

El financiamiento por motivos literarios, políticos o publicitarios lo reciben todos. Los de derecha y también, sin duda, los que dicen ser de izquierda.

Si Krauze decide abandonar el país por considerar que en México ya no hay condiciones para ejercer plenamente la libertad de conciencia y de expresión estaríamos ante el primer caso de represión política y el gobierno de la 4T confirmaría al mundo que encabeza un régimen totalitario.

No puedo decir que soy amiga de Krauze. En determinados momentos también hemos disentido, pero quienes creemos en la importancia que tiene en estos momentos defender las libertades y no doblarnos ante la amenaza, estamos obligados a levantar la voz para denunciar arbitrariedades de este tipo.

El llamado a la responsabilidad moral que hizo Martin Niemöller, el pastor luterano antinazi, en su célebre poema, que dice “cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista”, vuelve a tener vigencia.

¿Y quién lo iba a pensar, en el país donde nunca pasaba nada?

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