Enfrentando a Goliat

Foto: Jim WATSON / AFP
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De acuerdo al relato bíblico, (Samuel 17 4:54), un pequeño pastor israelita venció en una batalla hombre a hombre a un gigantesco soldado filisteo. Para ello utilizó como única arma, una en apariencia inofensiva honda, la cual manipuló con enorme destreza logrando incrustar una piedra en la cabeza del segundo, derribándolo de forma tal, que luego le cortó la cabeza con su propia espada.

Es la historia de David y Goliat, el débil contra el fuerte. La enseñanza  como sabemos, supone que ante cualquier conflicto, actuar de manera prudente y con una estrategia inteligente es con frecuencia mucho más importante que la amenaza del uso de la fuerza bruta.

El gobierno del presidente López Obrador , a solo seis meses de haber asumido el poder, se enfrenta a su primer reto diplomático serio. La cercanía de los tiempos electorales en los Estados Unidos han supuesto de nueva cuenta, que el presidente Trump pretenda buscar una situación de conflicto con México, donde en teoría debiera prevalecer el diálogo respetuoso y amigable.

De la misma forma en que durante su campaña a la presidencia el actual mandatario norteamericano habló pestes de México y de los mexicanos, ahora de nueva cuenta arremete contra nuestro país en su particular estilo, utilizando su cuenta de Twitter como arma para lanzar amenazas, acusaciones y exigencias.

En esta nueva ocasión sin embargo, la lógica indica que de cumplir sus advertencias Trump estaría dándose un balazo en el pie. Imponer aranceles generalizados y crecientes a las importaciones  provenientes de México afectaría no solo a nuestra economía, implicaría de manera directa impactar la de los empresarios y consumidores estadounidenses en múltiples rubros. Además de ello, la imagen del país del norte frente al mundo se vería seriamente afectada como un socio comercial poco confiable, sobre todo ante la cercanía de la cumbre del G-20 a celebrarse próximamente en Japón.

México, como sabemos, es el segundo socio comercial de los Estados Unidos, el intercambio comercial es constante hacia ambos lados de la frontera y millones de familias tanto de aquí como de allá basan su subsistencia  en el mismo. Nos guste o no, existe entre nuestros países una interdependencia tan innegable como indispensable dada nuestra ubicación geográfica y nuestra historia común.

Ante los agresivos mensajes del presidente norteamericano la primera respuesta del presidente López Obrador, han sido una carta un tanto ambigua y con un dejo de romanticismo decimonónico y un amoroso mensaje al pueblo norteamericano. Ninguno entra hasta ahora al fondo del problema ni deja satisfechos a la mayoría de quienes los hemos leído. No se trata desde luego de responder de manera bravucona o altanera, pero hablar de paz y amor ofreciendo tácitamente la otra mejilla, no parece ser la mejor forma de enfrentar el problema.

Los números hablan por sí solos, las consecuencias económicas que derivarían del cumplimiento de las amenazas estadounidenses serían graves e inmediatas para ambas partes y ellos lo saben, es lo que se debe demostrar y en lo que hay que insistir.  Trump se ha burlado de la presencia de una numerosa delegación mexicana para dialogar en Washington y ha dicho claramente que él no quiere pláticas sino actos y soluciones concretas e inmediatas.

Sus exigencias ponen por desgracia el dedo en la llaga en varios de nuestros problemas más graves. Las oleadas migratorias y el tráfico de personas y de drogas de Sur a Norte, así como el hecho de que buena parte de nuestro territorio está controlado por grupos delincuenciales, son realidades innegables y tristes.

Sin embargo, ponerlas de pretexto para declarar una guerra comercial resulta en un absurdo aún peor, sobre todo sabiendo que tales problemas son imposibles de arreglar en el corto plazo. Nada dice tampoco de la responsabilidad que supone la enorme demanda de estupefacientes en su país, ni del tráfico de armas de allá para acá.

El poderío y la riqueza de los Estados Unidos deberían apostar más por explorar caminos que apoyen las economías y el desarrollo tanto de México como de los países de Centroamérica y del Caribe cuya pobreza es la principal generadora de violencia y de los movimientos migratorios.

La diplomacia mexicana ha sido reconocida a lo largo de la historia por su habilidad y excelencia en la prevención y solución de conflictos de todo tipo. En su tradicional prestigio y en la frialdad de las cifras económicas debe basarse una negociación digna y valiente ante el embate y la soberbia de nuestros vecinos del norte.

David nunca le ofreció a Goliat su amistad incondicional. Para vencerlo utilizó una táctica inteligente en apariencia inofensiva pero eficaz.

La relación entre México y los Estados Unidos es similar a la de un matrimonio forzado por circunstancias ineludibles en el que debe prevalecer el respeto entre las partes pero muy difícilmente puede hablarse de amor. La claridad y la firmeza serán elementos indispensables de nuestra parte, las analogías poéticas salen sobrando.

Esperemos que ambos gobiernos terminen por entenderlo y se llegue a una negociación y a resultados convenientes para todos. La razón valdrá siempre más que la fuerza.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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