El talón de Aquiles

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Ahora que pareciera que la coyuntura son los temas de historia, a pesar de que no soy historiador, me interesa retomar algo de la antigua Grecia, de manera ágil, breve y definitivamente muy resumida.

Para la mitología griega, Aquiles fue el principal héroe de la Guerra de Troya y el más fuerte, rápido y bello guerrero de la Iliada de Homero.

Aquiles era considerado invencible, pero no inmortal; para explicar la invulnerabilidad de Aquiles, existen dos versiones, la más conocida o probablemente la más simple, relata que cuando nació, su madre lo sostuvo del talón izquierdo y lo sumergió en el río Estigia para volverlo inmortal, pero su talón jamás tocó las aguas, permaneciendo vulnerable como el de cualquier otro mortal.

Cuenta la historia que Aquiles creció junto a Patroclo en el monte Pelión, donde se alimentaba de fieros jabalíes, entrañas de león y médula de oso para aumentar su valentía. También aprendió a tirar con el arco, el arte de la elocuencia, el canto y la curación de las heridas.

Después de múltiples batallas ganadas, el poderoso Aquiles, aparentemente invencible, finalmente fue derrotado por el príncipe troyano Paris quien le disparó una flecha envenenada –según algunas versiones- dirigida por el dios Apolo al talón izquierdo y lo mató.

Más allá de la mitología de algunos personajes de la historia antigua o de la realidad de otros de la historia moderna, todos debemos estar conscientes de que tenemos una debilidad, un punto frágil, un punto de quiebre, mundialmente conocido como nuestro “talón de Aquiles”.

A principios de esta semana, el jefe de la oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, hizo una declaración por demás importante, afirmando que ante la posibilidad de que la recaudación fiscal continúe a la baja, el presidente Andrés Manuel López Obrador pidió hacer más recortes al presupuesto de las Secretarías federales.

Debido a que existe la firme determinación de esta Administración de no incurrir en déficit fiscal, lo cual considero es una decisión acertada y responsable, ante una eventual baja en los ingresos, recortar los presupuestos, sería la primera alternativa.

Ante empresarios de la American Chambers of Commerce México, Alfonso Romo, afirmó que se están evaluando diferentes escenarios y que existe un “plan B” en caso de tal coyuntura.

Si bien es cierto que este Gobierno inició a tambor batiente y no tengo la menor duda, que con las mejores intenciones, también debemos de aceptar que debido a diversos factores, incluidos los que son consecuencia de ciertas decisiones de la propia Administración, la economía del país comienza a dar síntomas de debilidad, las transacciones comerciales internas han disminuido, eso es innegable.

El tipo de cambio frente al dólar, que se ha comportado muy favorablemente, no es la única variable que influye en la economía, la credibilidad y la confianza de los sectores productivos y financieros son mucho más poderosas.

Más allá de la politización y de los intereses de las calificadoras, de los bancos y del sistema financiero mundial, sus diagnósticos, pronósticos y proyecciones, son la base para muchas de las inversiones nacionales y extranjeras, lo que deberían de convertirse en focos rojos, para que el Gobierno tome medidas en consecuencia.

La baja de los ingresos fiscales a los cuales se refería Alfonso Romo y el propio López Obrador, al dar una directriz, son consecuencia de la desaceleración económica que estamos viviendo.

Si el Gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda, no modifica su pronóstico de crecimiento, que plantea un aumento del PIB de 2.5% para este año, es una señal de negación, lo que se interpreta de manera negativa, es muy simple, el primer paso para resolver un problema, es aceptar que existe.

Las expectativas y la aprobación que tiene la gran mayoría con relación a la gestión de López Obrador siguen en niveles históricos, a pesar del desgaste que implica el ejercicio del poder; sin embargo, no se les puede olvidar cuáles son los dos temas más sensibles para la sociedad en general: la seguridad y la economía familiar.

Con respecto a la seguridad y la violencia, el propio presidente aceptó en su informe de los cien días, que a pesar de los esfuerzos, no se había podido contener, esta aceptación aunada a la aprobación de la Guardia Nacional civil, le ha dado oxígeno suficiente para presentar nuevos resultados. En cuanto a la economía, debería hacer lo mismo y tomar las medidas pertinentes, no para darle gusto a los mercados, sino para corregir el rumbo, aún está a tiempo.

Los ajustes en la política económica serán más sanos que resistir las presiones de una desaceleración más profunda que aparente el fracaso del “postneoliberalismo”, que dicho sea de paso, aún no nos ha explicado en qué consiste.

La política social que ha emprendido este Gobierno, requiere un soporte económico vasto que solo puede provenir de la generación de ingresos, y estos solo pueden existir si la economía se mueve.

Señor presidente, la mejor aliada de su “cuarta transformación”, es una economía sana, no permita que sea su “talón de Aquiles”, existen prioridades, es un consejo sin desperdicio.

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