El Hoyo

Si las lluvias atípicas, los oleajes atípicos o las bajas temperaturas atípicas fueran un argumento válido, el puente colgante Akashi, construido sobre un mar de tifones, maremotos y tsunamis, ya se habría desplomado.

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El secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, se ha convertido, a raíz del socavón, en el centro de la crisis.

Se equivocó cuando argumentó que el hundimiento del Paso Exprés se debió a las “lluvias atípicas” y se equivocó cuando aseguró que no renunciaría porque esa decisión debía tomarla el Presidente de la República.

Si las lluvias atípicas, los oleajes atípicos o las bajas temperaturas atípicas fueran un argumento válido, el puente colgante Akashi, construido sobre un mar de tifones, maremotos y tsunamis, ya se habría desplomado.

Si el calentamiento global fuera el principal enemigo de la ingeniería moderna, a estas horas ya hubiera colapsado el Euro Túnel  que conecta a Gran Bretaña con Francia.

No. Al Paso Exprés no lo sumió la meteorología sino la corrupción y por ahí, por ese hoyo, está a punto de irse el sexenio si el gobierno no toma cuanto antes una decisión para contener la crisis.

Y esa contención, guste o no, pasa necesariamente por la renuncia del secretario de Comunicaciones y Transportes.

Su permanencia en el cargo tendría muchas y malas consecuencias para un gobierno que está a punto de concluir y para el prestigio de la obra más ambiciosa del sexenio. Me refiero, por supuesto, al nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

¿Y qué si termina en un socavón un avión con 300 pasajeros?

El hundimiento de la autopista Cuernavaca-Acapulco ya se convirtió en un referente que obliga a preguntar con qué calidad y trasparencia se ha venido construyendo la obra carretera de la actual administración.

El socavón en el Paso Exprés no fue producto de los agitados vientos o del caudal de los ríos. Es obvio que ahí hubo mala ingeniería, materiales baratos y precios injustificadamente caros. Es decir: corrupción.

¿El costo? La pérdida de dos vidas humanas inocentes y un brutal golpe político a un gobierno que tiene que tomar pronto una decisión.

¿Qué vale más en este momento: la permanencia de un secretario o concluir, con la mayor estabilidad y menor desprestigio posible, el sexenio?

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