El crimen de ser mujer

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Una Cruz de Clavos montada frente al Palacio de Gobierno es el vergonzoso memorial, para los que vivimos en la capital de Chihuahua, para recordarnos que desde hace más de 20 años se han cometido cientos, quizás miles de asesinatos de mujeres en la entidad, la gran mayoría en la ciudad fronteriza de Juárez, sin que aún llegue la justicia a redimirlas.

En gran parte por la indolente labor de autoridades que trasladan la responsabilidad a las mujeres, dejando en libertad a los perpetradores.

El odio hacia la mujer es el principal motivo que impulsa al victimario a ser violento, atacándola deliberadamente por considerarla un objeto, que pueden usar y desechar a su antojo.

La mayoría de los crímenes de género se cometen con un alto grado de brutalidad y saña, las mujeres son violadas, torturadas, desmembradas, calcinadas, mutiladas, sus cuerpos son arrojados a basureros, lotes baldíos o a la vía pública sin el más mínimo pudor, exhibiendo una de las partes más cruentas y desgarradoras de la descomposición social que vivimos en nuestro país.

Los datos son fríos, los feminicidios en México cobran cada día la vida de seis mujeres según cifras del INEGI; la edad de las víctimas oscila entre los 11 y 30 años. Aterrador.

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y su reglamento fue aprobada en el 2007.

Esta ley contiene la figura de la Declaratoria de Alerta de Violencia de Género y como otras tantas leyes en México ha pasado a ser letra muerta en la mayoría de los estados y municipios, donde las autoridades se niegan a aplicar los protocolos con perspectiva de género que ayuden a la correcta tipificación de la muerte de las mujeres, negándoles en consecuencia a los familiares de las víctimas acceso a la justicia.

El feminicidio en México acaparó la atención internacional en la década de 1990, después de que se dieran a conocer públicamente los cientos de casos de mujeres brutalmente asesinadas en Ciudad Juárez; la mayoría de estos casos permanecen en la impunidad, la mayoría de los expedientes han sido olvidados en polvorientas gavetas por las autoridades, pero no por sus familias, no en su nombre.

Los asesinatos contra mujeres son una vergüenza nacional que nos atañe a todos. Una gran parte de la sociedad vuelca sus miedos, complejos e ignorancia culpando a las mujeres de ser presas de chacales: “Porque andaba sola”, “ella se lo buscó, miren su vestimenta”, “andaba de puta, se lo merecía”, “estaba ebria y drogada”, “se fue a bailar sola”, etc.

Todos hemos leído o escuchado el rosario de insultos y vejaciones a las que someten a la mujer cuando ha sido secuestrada, violada y asesinada, revictimizándola de la misma forma que la autoridad lo hace.

Todos sabemos de casos donde la autoridad es la primera que se forma en la fila con piedra en mano para lapidar y responsabilizar a la mujer de su propia muerte.

Aberrante, oprobioso actuar de quienes deberían investigar hechos a conciencia, reservar datos sensibles, señalar y llevar ante la justicia a los responsables.

Autoridades que dan el pésame en lugar de perseguir a criminales, autoridades cómodas, omisas, ineficientes.

Autoridades diminutas ante la creciente epidemia de feminicidios, ante la orgía de sangre y violencia que nos sacude todos los días en el territorio nacional.

La cultura machista que lo envuelve todo en nuestro país, la misoginia que no logramos erradicar de nuestras vidas, la perversidad de una sociedad dispersa y egoísta que va de la mano con autoridades que maquillan cifras, evaden el tema, anteponen intereses partidistas y de particulares en sus gobiernos antes que la protección a sus gobernados, el derecho a la vida en México y más para una mujer es un privilegio que no todos gozan.

La Cruz de Clavos montada en la plaza Hidalgo frente al Palacio de Gobierno de mi ciudad, es el vergonzoso símbolo de los feminicidios, de la violencia y la impunidad que vivimos en Chihuahua.

No debería existir en ninguna plaza de nuestro país ni siquiera una piedra que nos recuerde lo vulnerable e indefensas que estamos.

Tengo más de 20 años radicando en la capital de Chihuahua, como madre, como hija, como esposa, como hermana, como amiga de alguien, quiero volver a casa, sana y salva. Y que tú, también lo hagas.

Ni una más.

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