Drucker, la ciencia y el temblor

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Una de las propuestas más innovadoras en la prevención de sismos se la escuché al recientemente fallecido René Drucker quien “probablemente será el mejor difusor de la ciencia que tendrá este país”, a decir del Rector de la UNAM, Enrique Graue.

Para Drucker, una posible solución para evitar que se colapsen los edificios durante los temblores, podríamos encontrarla en las bacterias.

Algunas bacterias, decía en una de sus “Pequeñas dosis de ciencia”, tienen la propiedad de poder vincularse y formar comunidades que se mantienen unidas por una sustancia viscosa y pegajosa que ellas mismas producen.

Se hicieron cultivos de una bacteria no patógena llamada “Flavobacteria johansionae” y se mezclaron con arena.

“Después de algunos días se midió la cohesión de las partículas de arena y se observó que se duplicaba, allí donde se difundía el cultivo de estas bacterias y su biopelícula. Se cree que una aplicación de estos cultivos en el subsuelo de edificios en zonas sísmicas podría ser una manera de darle a este más cohesión y resistencia entre sus partículas”.

Drucker sabía que la ciencia era la mejor manera para conocer al mundo  y transformarlo con la tecnología. También sabía que la divulgación científica tenía que hacerse sin la arrogancia donde  los pares hablan con sus pares y sin esa “frescura” bastante convencional y marchita que sólo consume presupuestos.

Con datos duros y sin pedantería  Drucker acercó a cientos de jóvenes a la ciencia, a no pocos de los millennials, que hoy con nuevas herramientas tecnológicas  están practicando formas innovadoras para ayudar a los miles de damnificados por los recientes sismos y a reconstruir sus ciudades de otra manera.

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