Drones, cámaras y franjas por edad: las playas españolas se adaptan al virus

Un dron de la policía local advierte a los bañistas guardar la distancia en la playa de Lloret de Mar. Foto: Josep LAGO / AFP
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Un dron sobrevuela la playa de Lloret de Mar, donde unas cuerdas de colores marcan las franjas reservadas para cada grupo de edad. Con la pandemia controlada, los destinos costeros españoles se preparan para un verano conviviendo con el virus.

El objetivo es “encontrar el equilibrio entre que la gente esté cómoda y relajada y al mismo tiempo sea un entorno seguro”, explica Jaume Dulset, alcalde de este municipio de 37.000 habitantes a 70 kilómetros de Barcelona, en la Costa Brava.

Coincidiendo con el inicio del verano y la reapertura de fronteras españolas, el ayuntamiento presentó un plan para dar tranquilidad a los turistas tras unos meses en los que España apareció como un importante foco del virus, con más de 28.300 fallecidos.

Sus principales playas, habitualmente repletas en verano, están divididas por franjas de edad. Unas cámaras con sensores detectan el nivel de ocupación de cada zona que se comunicará a los ciudadanos por una aplicación.

También han reforzado el personal municipal para advertir conductas inadecuadas, y utilizarán un dron para detectar aglomeraciones y avisar con un mensaje pregrabado de la necesidad de mantener las distancias de seguridad.

Incluso tienen preparado un sistema para reservar espacios en la playa que, por el momento, no pondrán en marcha.

“Ojalá tengamos que hacerlo, será un bendito problema”, dice el alcalde de este municipio, esperando que, como cada año, lleguen muchos turistas, sobre todo franceses e ingleses.

– “Muy poca gente todavía” –

Por ahora, no es el caso. El sol es abrasador en el primer día de verano, pero solo un puñado de bañistas acomodaron camas plegables y toallas en la kilométrica playa principal de Lloret, donde caben unas 15.000 personas.

“Normalmente esto está lleno ya. Ahora hay muy poca gente todavía y es fácil mantener la distancia”, explica José María Quicio, un jubilado de 78 años.

Junto a su mujer Olga Ferrer, de 81, colocaron unas sillas plegables a escasos metros de la orilla, cerca de unas cuerdas rojas que delimitan el espacio reservado a los mayores de 70 años.

“Esta es nuestra zona”, dice la mujer, que vuelve de remojarse en el agua. “Te hace sentir más seguro, se está muy bien, mejor que antes”, insiste.

A unos 50 metros, se levanta el puesto de vigilancia del socorrista que, pese al calor, luce una mascarilla de tela debajo de las gafas de sol. A sus tareas habituales, se sumará vigilar el mantenimiento de las distancias y desinfectar frecuentemente baños y las instalaciones de primeros auxilios.

“Nuestro principal objetivo es que nadie se ahogue. Pero a partir de allí, tendremos que colaborar con el resto”, explica su coordinador Joel da Silva.

El plan municipal contempla también medidas en restaurantes, hoteles o discotecas y sufragó la formación de 8.500 trabajadores en medidas de seguridad e higiene.

“Hay mucha incertidumbre pero nosotros hemos hecho los deberes, nos hemos preparado para recibir turistas y los esperamos con los brazos abiertos. Esperamos poder salvar la temporada”, reconoce Dulset.

Un letrero delimita el área de edad entre bañistas en la playa en Lloret de Mar

– Parcelas en la playa –

Como Lloret, muchos municipios del litoral español, con casi 8.000 kilómetros de costa, han preparado estrategias para evitar aglomeraciones en sus codiciadas playas, refugio veraniego tanto de turistas nacionales como del norte de Europa.

Las medidas son múltiples y variadas: controlar la ocupación con sensores y cerrar accesos si se supera el aforo permitido, división de la playa en parcelas para separar grupos, prohibir juegos que supongan ocupar mucho espacio o separación y desinfección de camas plegables y sombrillas.

“El modo en el que podremos bajar a la playa este verano ha cambiado, pero eso no significa que no podamos disfrutar de ellas”, afirma en un video promocional el ayuntamiento de Benidorm, destino del sureste español muy popular entre británicos.

Allí, las dos principales playas fueron estructuradas en parcelas de cuatro metros cuadrados que los bañistas deberán reservar a través de una aplicación.

El sistema, sin embargo, todavía no es necesario por la ausencia de visitantes en este ciudad de 67.000 habitantes que en 2019 acumuló 16 millones de pernoctaciones hoteleras.

(AFP)

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