El drama del Brexit, desde el referéndum hasta la moción de censura a May

Foto: JUSTIN TALLIS / AFP
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Desde la inesperada decisión por referéndum de abandonar la UE hasta la victoria de la primera ministra en la moción de censura lanzada por diputados rebeldes de su propio partido, Reino Unido ha vivido dos años y medio de sobresaltos en su avance hacia el Brexit.

El 23 de junio de 2016, en un referéndum que se saldó con 52% de votos a favor y 48% en contra, los británicos decidieron poner fin a 43 años de integración en la Unión Europea.

Este resultado llevó al primer ministro conservador David Cameron, que había convocado la consulta y encabezó la campaña por permanecer en la UE, a dimitir.

David Cameron

En la pugna por remplazarlo, el exalcalde de Londres Boris Johnson, partidario del Brexit, se retiró en el último momento y Theresa May, ministra del Interior de Cameron durante seis años, se convirtió en primera ministra el 11 de julio.

Con una carta al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en la que anunciaba formalmente su intención de salir del bloque, el 29 de marzo de 2017, el gobierno británico puso en funcionamiento el Artículo 50 del Tratado europeo de Lisboa que rige el mecanismo de retirada voluntaria de un país miembro.

Se inició así el plazo de dos años que debe desembocar en la salida británica el 29 de marzo de 2019.

Intentando aprovechar la aparente debilidad del opositor Partido Laborista y fortalecer su posición en las negociaciones, May adelantó las elecciones al 8 de junio y fracasó: perdió la mayoría absoluta y tuvo que negociar el apoyo de los 10 diputados del Partido Unionista  Democrático norirlandés DUP para poder gobernar.

La cuestión de Irlanda se convirtió en el principal escollo en la negociación sobre los términos de divorcio. La UE y Dublín exigen que la frontera entre la provincia británica de Irlanda del Norte y la República de Irlanda siga siendo de libre tránsito, pero ello choca con la oposición del DUP a que los norirlandeses tengan un trato diferente al resto de británicos.

Theresa May y Arlene Foster, líder del Partido Unionista Democrático

El 8 de diciembre de 2017, tras negociaciones maratónicas, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y May anunciaban en Bruselas haber llegado a un acuerdo sobre algunos términos claves de la separación.

Estos incluían la factura que Reino Unido deberá pagar respetando los compromisos previamente adquiridos con el bloque: 39 mil millones de libras (51 mil millones de dólares, 44 mil millones de euros).

El 6 de julio de 2018, May obtuvo el acuerdo de su Gobierno para negociar el mantenimiento de estrechas relaciones comerciales con la UE tras el Brexit.

En los tres días siguientes, dimitieron el euroescéptico ministro del Brexit David Davis, quien afirmó que May estaba “cediendo demasiado y demasiado rápido”, y el ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, que se convirtió en el principal detractor de los planes de May a través de su columna semanal en el diario Daily Telegraph.

Posteriormente presentarían su dimisión la secretaria del Trabajo Esther McVey, y de Dominic Raab, ministro del Brexit que sustituyó en julio a David Davis.

Exministros Esther McVey, Dominic Raab, Boris Johnson y David Davis

El 13 de noviembre de 2018, el gobierno británico anunció que los negociadores de Reino Unido y la UE alcanzaron un “proyecto de Acuerdo de Retirada”, que al día siguiente recibió la luz verde del gobierno pese a sus divisiones.

Tras superar una amenaza de veto, plateada a última hora por el gobierno de España respecto a las relaciones con Gibraltar tras el Brexit, el 25 de noviembre Reino Unido y los 27 sellan el Acuerdo de Retirada y una declaración política sobre la futura relación.

La Cámara de los Comunes debía ratificar o rechazar ambos texto en una histórica votación el 11 de diciembre.

Sin embargo, tras tres días de debates parlamentarios en que se hizo patente que se encaminaba al fracaso, May anunció el 10 de diciembre que aplazaba la sesión y volvería a conversar con los líderes europeos en busca de “garantías” para tranquilar a los legisladores.

Una cincuentena de rebeldes entre los 317 diputados del Partido Conservador de May lanzaron una moción de censura el 12 de diciembre para arrebatarle el poder.

Para prosperar, necesitaban el apoyo de al menos la mitad más uno, es decir 159 votos.

Tras una votación secreta que duró dos horas, el resultado confirmó a May en su cargo: 200 votaron a su favor y 117 en su contra.

Fiel a su reputación de testaruda, esta política de 62 años, que proyecta una imagen de frialdad un poco mecánica, se había declarado “firmemente decidida a terminar la tarea” de sacar a Reino Unido de la UE.

Y en una breve comparecencia tras ganar el voto de censura dijo querer “volver a unir al país”.

Pero, pese a mantenerse en el cargo, el acuerdo de Brexit que negoció con Bruselas, y que ella defiende como “el mejor posible”, sigue enfrentando un duro rechazo en el parlamento y si este lo acaba tumbando en la votación de ratificación la posición de May volvería rápidamente a verse en entredicho.

Fortalecida tras superar la moción de censura, Theresa May, pedirá este jueves en Bruselas “garantías” para salvar el acuerdo del Brexit a unos socios europeos comprensivos, pero que rechazan de plano modificar el pacto.

“Está claro que el acuerdo de retirada no se abrirá ni se modificará”, dijo la víspera el canciller austríaco, Sebastian Kurz, cuyo país asume la presidencia temporal del bloque y para quien existen soluciones que redunden en el interés de ambas partes.

La cumbre de mandatarios este jueves y viernes corona una semana rocambolesca en el drama del Brexit, en la que Theresa May logró que sus propios diputados no le arrebataran las llaves del número 10 de Downing Street ni las riendas de la negociación con Bruselas.

Pero pese a su victoria en Londres, el rechazo en el parlamento británico al acuerdo de divorcio negociado con Bruselas sigue patente, con el mecanismo de último recurso acordado para evitar una frontera para bienes en la isla de Irlanda, en el ojo del huracán.

(AFP)

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