Drácula. El origen, J. D. Barker y Dacre Stoker

La precuela autorizada por los herederos de Bram Stoker de un clásico de la literatura universal, Drácula. El origen de un monstruo.

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Bram Stoker es un niño enfermizo que apenas sale de su casa.

Una noche, la fiebre que le asalta casi a diario lo lleva a las puertas de la muerte. Su niñera, Ellen Crone, echa a todo el mundo de la habitación del pequeño y lo salva por medios que nadie conoce.

Tras este episodio Bram se recupera, y crece su fascinación por Ellen. Él y su hermana Matilda descubren cosas muy extrañas de la niñera y antes de que puedan hablar con ella, esta desaparece de sus vidas… Obsesionado con ella, quince años más tarde los hermanos vuelven a reunirse para encontrarla y sus caminos se cruzan con el del Conde
Drácula…

Inspirada por notas y textos escritos por el propio Stoker, la precuela de Drácula revela no solo el origen de Drácula y el de Bram Stoker, sino la historia de la enigmática mujer que les conecta.

Pocas figuras resultan tan magnéticas e interesantes como la de Drácula, protagonista indiscutible de las historias de vampiros, de los no muertos, a quien se ha dotado de gran misterio y un poder sobrenatural, que ha generado una duda profunda sobre su solo se trata de una leyenda o si, como apuntan hechos descubiertos con los años, es un ser real.

En Drácula , el origen la precuela autorizada por los herederos de Bram Stoker publicada por Planeta, los autores Drake stoker y J. D. Barker revelan gran parte de los misterios de una historia que no tenía nada de irreal, pese a lo sorprendente que resulta, pero por situaciones inherentes a la coyuntura que se vivía en la Inglaterra de finales del siglo XIX se asumió como un relato de ficción.

                                        Fragmento

AHORA

Bram tiene la mirada fija en la puerta. El sudor le gotea por la frente fruncida. Se pasa los dedos por el cabello húmedo; el dolor le palpita en las sienes. ¿Cuánto tiempo lleva despierto? ¿Dos días? ¿Tres? No lo sabe. Cada hora se funde con la siguiente, un sueño febril del que no hay un despertar, sólo un dormir, un sueño más profundo, más oscuro…

¡No!

No puede pensar en dormir.

Se obliga a abrir mucho los ojos. Se empeña en abrirlos y evita el menor parpadeo, ya que cada guiño es más pesado que el anterior. No puede haber descanso, ni sueño, ni seguridad, ni familia, ni amor, ni futuro, ni…

La puerta.

Debe vigilar la puerta.

Bram se levanta de la silla, el único mueble de la habitación, con los ojos clavados en la puerta de roble macizo. ¿Se ha movido? Creía haberla visto temblar, pero no se había oído nada. Ni el más leve de los ruidos quebraba el silencio en aquel sitio; sólo se oía su propia respiración y el inquieto golpeteo de su pie contra el frío suelo de piedra.

El picaporte permanece inmóvil, las ornamentadas bisagras tienen el mismo aspecto, probablemente, que hace un siglo; el cerrojo aguanta firme. Hasta que llegó allí, jamás había visto un cerrojo semejante, forjado en hierro y moldeado en el sitio. El propio mecanismo forma un todo con la puerta, asegurado con firmeza en el centro con dos pestillos grandes que salen a derecha e izquierda y encajan en el marco. Tiene la llave en el bolsillo, y seguirá en el bolsillo.

Los dedos de Bram se aferran a la culata de su rifle Snider-Enfield Mark III, el índice juguetea sobre el guardamonte. En las últimas horas, ha cargado el arma y ha tirado del cierre de la recámara para liberarla más veces de las que recuerda. La mano libre se desliza por el acero frío y se asegura de que el cerrojo está en la posición adecuada. Tira del percutor.

Esta vez lo ve: una leve ondulación en el polvo de la rendija entre la puerta y el suelo, un soplo de aire, nada más, pero es un movimiento.

Sin hacer ruido, Bram deja el rifle y lo apoya contra la silla. Mete la mano en la cesta de mimbre que tiene a la izquierda y coge una rosa blanca silvestre, una de las siete que quedan. El quinqué, la única luz de la habitación, parpadea con su movimiento. Cauto, se aproxima a la puerta.

La última rosa yace consumida en el suelo, con los pétalos pardos, negros y cargados de muerte, el tallo seco y enfermizo con unas espinas que parecen más grandes que cuando la flor aún tenía vida. El hedor de la putrefacción se eleva; la rosa ha adquirido el aroma a carroña de la flor de lagarto.

Bram aparta la rosa vieja de una patada con la punta de la bota y deposita la flor nueva con suavidad en su sitio, apoyada contra la parte baja de la puerta.

—Bendice, Padre, esta rosa con tu aliento, con tu mano y todo lo que es santo. Envía a tus ángeles a cuidar de ella y guíalos para que mantengan a raya todo mal. Amén.

Al otro lado de la puerta se oye un estruendo, el sonido del impacto de media tonelada contra el roble viejo. La puerta se comba, y Bram retrocede hasta la silla de un salto, su mano recoge el rifle y apunta conforme cae sobre una rodilla.

Entonces, todo vuelve a estar en silencio. Bram permanece inmóvil, apuntando con el rifle a la puerta hasta que el peso del arma le hace flaquear. Baja el cañón y recorre la estancia con la mirada.

¿Qué pensaría alguien que entrase y presenciara aquella escena?

Ha cubierto las paredes con espejos, unas dos docenas de ellos, de todas las formas y tamaños, todos los que tenía. Su rostro cansado le devuelve una mirada multiplicada por cien cuando su imagen rebota de un espejo a otro. Bram intenta mirar para otro lado, pero no consigue sino encontrarse mirando a los ojos a su propio reflejo, cada rostro marcado con unas líneas que pertenecen a un hombre mucho más mayor que sus veintiún años.

Ha clavado cruces entre los espejos, casi cincuenta. Algunas tienen la imagen de Cristo, mientras que otras son poco más que unas ramas que ha cogido del suelo, ha clavado y ha bendecido él mismo. Continuó con las cruces por el suelo, primero con un trozo de tiza, después raspándolas directamente sobre la piedra con la punta del cuchillo de caza hasta que no quedó superficie libre. No tiene la seguridad de que con eso baste, pero es cuanto podía hacer.

Dacre Stoker

Es el sobrino bisnieto de Bram Stoker, el encargado del Bram Stoker Estate y coautor de Drácula, el no muerto. Vive en el sur de California con su mujer Jenne.

J.D. Barker

J. D. Barker es un escritor que se ha movido siempre dentro del terreno del horror. Con su primera novela, Forsaken, consiguió despertar expectación dentro del género y fue nominado a diversos premios, entre ellos el Bram Stoker, uno de los más importantes.
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