Doce años sin verdad y sin justicia: Las mujeres de Atenco

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A las 11 sobrevivientes de Atenco:

A Mariana Selvas Gómez, Georgina Edith Rosales Gutiérrez, María Patricia Romero Hernández, Norma Aidé Jiménez Osorio, Claudia Hernández Martínez, Bárbara Italia Méndez Moreno, Ana María Velasco Rodríguez, Yolanda Muñoz Diosdada, Cristina Sánchez Hernández, Angélica Patricia Torres Linares y Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo, mi solidaridad, mi admiración y respeto.

Son las once valerosas mujeres que trascendieron las fronteras de nuestro país, en su búsqueda de la verdad, la reparación y la justicia, al romper el silencio y sentar en el banquillo de los acusados al Estado mexicano que las llamó mentirosas, a las autoridades de los tres niveles de Gobierno, que las torturaron, las acosaron, las difamaron, las violaron, les cambiaron sus vidas y las de sus familiares para siempre.

Once mexicanas que desafiaron a la impunidad que nos lacera y nos gobierna en México, y ante la falta de justicia por parte de las instituciones encargadas de impartirla en nuestro país, decidieron llevar ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos el brutal caso de tortura sexual cometido en su contra durante el operativo policiaco que se llevó a cabo en Texcoco y San Salvador Atenco, el 03 y 04 de mayo de 2006.

Son las mujeres de Atenco, son las mujeres que durante 12 años han luchado para que se reconozcan los abusos cometidos por parte del Gobierno mexicano y se castiguen a los responsables de los hechos.

En noviembre de 2017, las 11 sobrevivientes de Atenco, se presentaron ante la Corte Interamericana y contaron a detalle las vejaciones de las que fueron objeto al ser detenidas por elementos policiacos durante el operativo. Los testimonios de lo que vivieron esos dos días de mayo son brutales. Desgarradores.

Las historias de cada una de ellas dan cuenta de la violación a sus derechos humanos de una forma sistemática, desde el momento en el que fueron detenidas arbitrariamente, encarceladas y de su paso tortuoso por las instituciones buscando se esclarecieran los hechos y se impartiera justicia.

En las audiencias públicas llevadas a cabo el 16 y 17 de noviembre pasado en la Corte Interamericana, el Estado mexicano se vio obligado a reconocer, que si bien habían ejercido acción penal en contra de 52 personas implicadas, no existe ninguna condena.

Ninguna persona condenada por haber violado, torturado física, sexual y psicológicamente a once mujeres.

Doce años han transcurrido y los altos mandos implicados en el operativo que derivó en el uso excesivo de la fuerza por parte del Estado, en la detención arbitraria de más de 200 personas, en la muerte de otras dos, y en la comisión de diversos delitos como allanamiento de morada, retención ilegal, tortura y abusos sexuales, permanecen libres, intocables, impunes.

Doce años sin que alguno de los responsables de planear, dirigir y ordenar dicho operativo, hayan sido siquiera llamados a comparecer ante la autoridad: Enrique Peña Nieto, exgobernador del Estado de México, actual presidente de nuestro país; Eduardo Medina Mora, quien fungía en ese entonces como secretario de Seguridad Pública Federal, actual ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN); Humberto Benítez Treviño, quien fuera el secretario general de Gobierno de Peña Nieto; Wilfrido Robledo Madrid, era el comisionado de la Agencia de Seguridad Estatal; Facundo Rosas Rosas, el encargado de la oficina del Comisionado de la Policía Federal Preventiva; y Ardelio Vargas Fosado quien era el jefe del Estado Mayor de la Policía Federal Preventiva entre otros.

Libres, intocables, impunes.

Ante la omisión, indolencia, retraso, negligencia y deficiencia del Gobierno mexicano para otorgar justicia, para implementar medidas legislativas y protocolos que supriman prácticas violatorias de los derechos humanos, once mexicanas no se callaron y se convirtieron en la voz de miles de mujeres más, que en circunstancias similares, han visto sus vidas destrozadas, fragmentadas en su seno familiar y criminalizadas por parte del Estado mexicano. Señaladas por una parte de la sociedad que se ha mostrado distante, fría, indiferente ante su batalla, ante su agonía.

El Estado mexicano las llamó mentirosas, les negó el acceso a la verdad y la justicia, las obligó a transitar, a ellas, a sus hijos, a sus padres, a sus hermanos, a sus esposos, a sus familiares, por caminos llenos de sufrimiento, de pérdida, de dolor y de vergüenza.

En las próximas semanas la Corte Interamericana emitirá su fallo sobre las violaciones a los derechos humanos por parte del Estado mexicano en el caso de Atenco, las once mujeres sobrevivientes de tortura sexual, aguardan con esperanza, de que este sea a su favor. Doce años sin justicia, doce años esperando una sentencia que les permita retomar el control de sus vidas.

La lucha que han dado estas once mujeres en su búsqueda de justicia y la verdad, la valentía que mostraron al enfrentarse al Estado mexicano, su férrea voluntad por no dejarse vencer por el miedo y el dolor, merecen más que nuestro aplauso o el reconocimiento a sus batallas. Merecen que alcemos la voz siempre, que no callemos nunca, que nos involucremos, que participemos activamente en medio de nuestra sociedad que se convulsiona todos los días ante la ola de feminicidios, de violencia y sangre que nos azota a lo largo y ancho del territorio nacional, ante la inoperancia de nuestras autoridades, ante la indolencia de un Estado que niega, que retrasa, que no nos otorga justicia. Merecen más de nosotros como sociedad, mucho más. Sigamos rompiendo el silencio.

Me quedo con las palabras que la jueza Elizabeth Odio Benito, le dijo a una de las sobrevivientes de Atenco, tras relatar el horror que vivió:

“Las mujeres nunca nos equivocamos cuando luchamos por nuestros derechos”.

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