Desvergüenza sin techo

Los senadores, incumpliendo una vez más sus propios plazos, admitieron que "no existían las condiciones para convocar a un periodo extraordinario de sesiones".

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La acometida del Senado contra la implementación del Sistema Nacional Anticorrupción, los ha exhibido de cuerpo completo.

Ha mostrado su columna vertebral para desgracia y fortuna nuestra.

Los senadores, incumpliendo una vez más sus propios plazos, admitieron que “no existían las condiciones para convocar a un periodo extraordinario de sesiones”.

¿A cuáles condiciones se referirán? ¿No logran ponerse de acuerdo con las cuotas de cuates?

Al parecer, el toquido de “un dos, tres, por mí y todos mis amigos”, no se escuchará pronto.

Retrasaron, de nuevo, el nombramiento del Fiscal Anticorrupción y la ratificación de los dieciocho magistrados que serán los encargados de dictar las sanciones a los funcionarios que incurran en actos de corrupción.

Magistrados que deberían estar bajo la lupa, ya el Comité de Participación Ciudadana del SNA ha señalado en múltiples ocasiones que “la designación de los Magistrados por parte del Presidente Peña Nieto, no fue producto de un proceso transparente y abierto ante la sociedad”.

No conformes, los senadores, mandaron a la congeladora la iniciativa de reforma constitucional de EPN que elimina el pase automático del actual Procurador de la República a fiscal.

Los diputados, no se han quedado atrás en el intento institucional de debilitar al SNA y aportaron su parte al dejarlo sin recursos para operar.

“Nuestros” legisladores están sufriendo, pobres. No conciben la vida fuera de una burbuja de privilegios.

Legislar en materia de transparencia y rendición de cuentas les está carcomiendo las entrañas.

Pero ¡¿qué es eso de transparentar el manejo de los recursos públicos?! ¿Se come? ¿Se unta? ¿Dónde se vende?

¡¿Rendir cuentas?! ¡Patrañas! ¿Nosotros? ¿A quién? ¿Por qué? ¿Cómo se les ocurrió semejante esperpento? ¡¡Nosotros, ¿rendir cuentas?!!

Imagino todas esas preguntas rebotando en sus cerebritos, donde el hartazgo ciudadano por el despilfarro de recursos públicos, no tiene eco.

Los casos de corrupción a lo largo y ancho de todo el territorio nacional por parte de servidores públicos les tiene sin cuidado. Apostar al olvido, política de gobierno. Incumplir con la Constitución, violar la ley, su pasatiempo favorito.

Despreciar el derecho ciudadano, se ha convertido en el deporte predilecto en todas las instituciones.

La resistencia al Sistema Nacional Anticorrupción no es más que el miedo de toda la clase política de México a perder el control del dinero público que, por décadas, lo han visto como su patrimonio familiar.

No podemos seguir de espectadores. No podemos seguir pagando sus sinvergüenzadas.

Las instituciones no son nuestras, los eternos parásitos del sistema, nos las han arrebatado.

Nuestros derechos no están por debajo de sus corruptelas, de su simulación, de su menosprecio.

Ellos siempre pueden, la clase política está unida para el saqueo del erario, para repartirse al país.

Son un muégano a la hora de llevarse nuestros impuestos. Lo hacen porque quieren, lo hacen porque pueden. Siempre unidos.

Ellos siempre pueden, ¿cuándo nosotros?

La desvergüenza de “nuestros” legisladores parece no encontrar techo.

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