“DEMOCRACIA COLÉRICA”

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Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, llamó a los legisladores de su bancada “democracia colérica”.

Adjetivo que le calza muy bien, sobre todo, al diputado Gerardo Fernández Noroña, quien contrató a un grupo de provocadores para impedir que Muñoz Ledo y  Martí Batres asistieran al mensaje del presidente Peña Nieto en Palacio Nacional.

A los dos les gritaron “ojetes” y “traidores”.

Como Fernández Noroña, muchos legisladores de Morena se han quedado atrapados en las cañerías de la plaza pública. Confunden la cortesía con  claudicación y el acuerdo con sometimiento.

No han entendido que la política tiene tiempos y circunstancias. Que ser oposición y ser gobierno  exige  dos  actitudes distintas, más,  cuando  se trata de  inaugurar un  régimen  –supuestamente- inspirado en los principios de la república.

Durante la entrega, en San Lázaro, del VI Informe de Gobierno, los diputados de AMLO gritaron y lanzaron insultos a sus contrarios como si fueran hordas del paleolítico o émulos de  “Puños de Asfalto”.

Su propósito era claro: demostrar de una vez por todas que tienen una mayoría casi absoluta y que la van a hacer valer cuantas veces sea necesario.

El arcaico espectáculo de Fernández Noroña en la Puerta Mariana de Palacio y las gargantas eufóricas en la Cámara de Diputados contrastaron con lo que insistentemente ha declarado el presidente electo: “Vamos por la reconciliación nacional”.

Ninguna reconciliación se construye a partir de imposiciones y linchamientos verbales. Es cierto que Morena tiene en el Congreso los votos suficientes para aprobar lo que sea, pero si lo que busca López Obrador  es  encabezar una democracia y no una dictadura; si quiere poner remedio a la división y al enfrentamiento nacional, entonces, sus legisladores van a tener que asumir una actitud más civilizada, de inclusión y trato digno a la oposición.

Más aún, si de lo que se trata es de no imitar el criticado “mayoriteo” del PRI, los vicios y excesos del viejo régimen, entonces, la negociación y el convencimiento van a tener que formar parte de la llamada “Cuarta Transformación” cuyo rasgo característico, asegura AMLO, es el amor y la paz.

Se ve difícil, sin embargo, que muchos de esos legisladores que llegaron a una curul gracias a que son diestros en romper puertas y bloquear calles, en “tomar” tribunas e impedir que otros hablen, puedan renunciar  a  la violencia que va implícita en su  ADN.

Vamos a ver también, si el próximo presidente de México, quiere una vida parlamentaria de gran calado, con  tribunos  dispuestos a razonar y debatir o si prefiere, lo que hasta hoy se ve: un palenque de baja estofa lleno de agitadores.

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