“Demasiado odio”, la nueva novela de Sara Sefchovich presenta un análisis sociológico del México actual

Sara Sefchovich. (Imagen de archivo)
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El México de 1990 tenía el sueño de arribar al “primer mundo”, el presidente Carlos Salinas comenzaba contactos con Estados Unidos en busca de un tratado de libre comercio, en ese entorno Sara Sefchovich nos presentó su novela “Demasiado amor” donde Beatriz, el personaje principal, realizó un recorrido por lugares, rincones, sabores y olores de este país entregada a una pasión.

Un país que buscaba arribar a la modernidad pero que no dejaba atrás la nostalgia campirana.

Ahora, 30 años después, la protagonista regresa en la novela “Demasiado odio” donde se nos muestra aspectos que nos dejan claro el porqué es tan complicado acabar con las redes delincuenciales de una región o de un país entero.

Y es que el México de Beatriz ya cambió, la violencia ha marcado de alguna manera a todos sus habitantes, algo que la autora condimenta en las características de cada uno de sus personajes.

La autora desmenuza con gran detalle los roles que juegan todos aquellos que participan en el universo de Beatriz, y nos deja ver en primera persona, cómo son las relaciones en una sociedad cuya violencia puede ser tan cotidiana que se vuelve parte de la normalidad.

La historia se enfoca en la relación de Beatriz con Alfonso que es parte de un grupo delincuencial, quien llega a ser su golpeador, amante, hijo, pero también su cómplice, su mundo y quien provoca que ella muestre un faceta oculta.

Apatzingan, Michoacán en el lugar donde se conocen, en un entorno donde muchas familias se han acostumbrado a vivir de actividades delictivas, donde nadie se pregunta de dónde sale el dinero para comer, vestir y divertirse, pues lo importante es que hay comida en la mesa.

“Demasiado odio” es una novela pero al mismo tiempo es un acercamiento sociológico a la familia como célula fundamental de la sociedad.

En entrevista telefónica, Sara Sefchovich asegura que, contrario a quienes afirman que el tejido social en México esta roto, este está más unido que nunca, pues las familias se benefician tremendamente de la delincuencia y hasta la apoyan, “apapachan a los hijos e hijas y los esconden y los ayudan, exactamente como nos cuenta Roberto Saviano que sucede en Italia”.

En ese contexto, los personajes de la novela no son ni buenos ni malos, todos tienen sus matices, donde se acomodan para sobrevivir de la mejor manera, pues aclara que no se puede pensar que alguien es bueno y otro es malo “no es así el mundo”.

“Alfonso es un joven de su tiempo, no es que haya maldad en él, pues incluso aclara que las cosas que hace es porque todo mundo las hace y él quiere participar”.

El entorno en que se desarrolla gran parte de la historia incluye figuras como los vendedores que en la calle se encuentran con las continuas escenas de violencia, a los cuales la autora dota de un lenguaje práctico, pues en la vida real todos están ocupados en lo suyo, de tal forma que en caso que un extraño les pregunte si fueron testigos de un hecho violento solo dirán “Yo no vi nada, yo estoy en lo mío y que el mundo ruede”.

Aunque esa actitud es un mecanismo que aplica a todos, pues “todos estamos pensando ‘que no me toque, y si veo algo me sigo porque si me meto estoy perdido’”.

Beatriz y Alfonso, de pronto se encuentran involucrados en una serie de eventos violentos alrededor del mundo, los cuales parecieran no afectarlos mayor cosa, pero Sefchovich aclara que es un mecanismo que aplicamos todos, ya que de otra manera no se podría vivir, pues “si te dieras de topes cada vez que hay una matanza” ya no estarías vivo, solo decimos “¡Qué barbaridad!, cambiamos el canal y seguimos viendo la serie que estamos viendo”.

“Y eso que para investigar este libro, yo perdí el sueño por muchas noches por dos años, pero no podríamos vivir si nos tomamos en serio lo que está pasando”.

“Para mí, el gran aprendizaje de seguir a Beatriz por 25 años en la novela y 30 años en la realidad, que ya camina sola, yo voy atrás de ella contándolo, es que el mundo cambió, no creas que porque ya llegaste aquí y estás feliz en tu casa con tus mariposas, el mundo va a seguir así, pues mañana todo esto se te cae, mañana tienes que vivir en otro mundo y, le entras como puedas aunque te arrepientas, aunque digas que no, aunque te pongas triste, porque si no, no puedes vivir”.

A pesar del escenario de violencia en el que se desenvuelve la historia, Sefchovich mantiene un lenguaje que está lejos de ser agresivo, ya que buscaba expresar con suavidad cosas que son terribles, “si tu ves la novelística mexicana actual sobre la violencia, está construida de una forma y con un lenguaje que es igual de violento que la violencia que relata, yo pretendí hacer exactamente lo contrario, hacerlo que sea tan natural como lo estamos viviendo todos los días”.

“Con la idea de llevar todos los sucesos por más fuertes que fueran, con esa naturalidad con la que todos los días los oímos, porque si los hubiéramos vivido, ya sería otra historia y a lo mejor, no lo contaríamos con esa naturalidad, lo más probable es que ya no lo contaría ni siquiera”, concluye.

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