DEL TREN MAYA A LA BANCARROTA

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Matizar los dichos del hoy presidente electo puede llegar a ser lo más sano para el país.

Vamos a tener que convertirnos en voceros oficiosos, en intérpretes de buena voluntad  para, a la manera del clásico, explicar: “Lo que trató de decir el presidente López Obrador fue…”.

Así comenzaron a comportarse los principales empresarios del país al tratar de explicarle al mundo que las palabras de AMLO eran meramente metafóricas.

Que lo que quiso señalar con: “El país está en bancarrota”, nada tiene que ver con la realidad. Que simplemente trató de expresar, muy a su manera, que no podrá cumplir con todas sus promesas de campaña.

Es evidente que, uno de los problemas más importantes de comunicación del futuro presidente es ese “Dr. Jekyll y Mr. Hyde” que trae en el discurso. Esa doble verdad o “doble pensar” que provoca cismas y cataclismos políticos.

Contradicciones que van de un país con capacidad para construir un Tren Maya, con valor de 8 mil millones de dólares,  a otro que está en  bancarrota.

De tanto dar gusto a unos y a otros, de tratar de quedar bien con los empresarios y los más pobres, con los conservadores y radicales, con los delincuentes y sus víctimas, con tirios y troyanos, se está quedando sin credibilidad.

Aunque también, de seguir así, podría quedarse sin país.

Como bien lo dijo Claudio X. González y Juan Pablo Castañón, durante el Foro Económico Forbes 2018, los comentarios del próximo mandatario de México poco o nada contribuyen a la estabilidad económica y a crear confianza en el inversionista.

Si en este momento López Obrador ya tuviera la banda presidencial puesta, se estaría dando con el asunto de la bancarrota un balazo en el pie. O si fuera japonés, se habría hecho el harakiri.

¿Qué país tendría ganas de invertir en el México de AMLO si él mismo dice que su país está en bancarrota?

¿Y sí lo está? Los especialistas dicen que un país entra en quiebra cuando suspende los pagos de sus deudas, cuando ya no puede convencer a nadie de que le presten dinero, cuando sus arcas están vacías.

México tiene todos los problemas económicos que se quiera, pero no está en bancarrota.

Su default puede ser legal, ética y moral, pero no financiera.

Hablar a dos o tres públicos al mismo tiempo, como lo hace López Obrador, puede llegar a provocar, en su gobierno, una fuerte tensión política y social.

Y en un descuido hasta una intentona de guerra civil. Por lo pronto ya hay, en casi todo los temas, dos bandos y de ultras.

¿Así podrá gobernar? El pronóstico es reservado.

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