Del baile de Peña Nieto al bailongo de AMLO

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Enrique Peña Nieto nos llevó a todos al baile.

Torpe y taimado. Así como lo vimos en el video en el que pretende, sin éxito, tomar el ritmo a una canción de Los Ángeles Azules, así fue como el mexiquense se encargó “pián pianito” de dejarnos un país hundido como nunca en una crisis de violencia e inseguridad y una corrupción sin precedentes.

Sin disimulo. Sin temor. Con la certeza de la impunidad que es otra de las características principales por las que nuestro país ha destacado mundialmente, se enriqueció él y, a sus allegados les garantizó bonanza económica para lo que les resta de vida.

En ese contexto fue que Andrés Manuel López Obrador ganó en 2018 la Presidencia.

Hoy se cumple un año.

Los simpatizantes del tabasqueño fueron convocados este lunes a “un bailongo” en la plaza de la Constitución para conmemorar un año del triunfo electoral.

Pero, no nos hagamos guajes. Lo que se celebra es el momento en el que realmente inició la transición.

Con ganas, con ilusiones y con promesas que a siete meses de haber empezado oficialmente la Administración han quedado en el tintero.

El país está polarizado como nunca antes.

“¿Cómo vas a calificar a un gobierno a tan pocos meses de haber empezado?”, es el argumento con el que los simpatizantes del nuevo régimen pretenden repeler las críticas a López Obrador.

Puede ser un argumento válido, pero no hay ni esbozos de mejoría.

La realidad sin duda los ha alcanzado.

Lo que no sigue igual, ha empeorado, pese a que un día como hoy, de hace un año, escuchamos:

“Desde el primer día, vamos a cumplir todos los compromisos. No les voy a fallar. No se van a decepcionar”.

Sin embargo, la violencia y la inseguridad se han hundido en sus peores niveles.

El país está mal calificado por las agencias internacionales y económicamente las proyecciones apenas si rebasan el crecimiento anual de 1%.

El combate a la corrupción se ha disminuido a una orden de aprehensión aún sin ejecutar en contra del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya. A los demás, pese a las evidencias, ni un lazo se les ha echado.

¿Qué celebrar entonces? ¿No es muy pronto para hacerlo?

¿Por qué en medio de la austeridad republicana que le ha costado el sustento a miles de familias de exburócratas tenemos que pagar por música, templetes, sistemas de audio y una recepción para al menos 200 invitados especiales?

¿Por qué no esperarse al 01 de septiembre? O ese día ¿se hará un gasto adicional?

Ojalá que la lluvia de esta tarde pronosticada para la zona centro de la Ciudad no se convierta en una lluvia de promesas más, sino que más bien, en el Zócalo retumben las metas ya definidas y las estrategias para lograrlas. El tiempo apremia.

Que el bailongo no se prolongue al grado de que, como con Peña Nieto, terminemos tarareando: “amo su inocencia… amo sus errores”.

¡Ya no!

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