Un Déjà Vu político y contrario a derecho

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El término déjà vu proviene del francés y significa “visto antes”. Es una manera coloquial de hacer alusión a un trastorno de la memoria, conocido como paramnesia del reconocimiento, consistente en sentir que una situación o experiencia que está sucediendo, se manifieste como si ésta se hubiera vivido con anterioridad.

Esta condición es tan común que, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Texas realizado en 2016, entre el 60% y 80% de la población manifiesta haber vivido alguno a lo largo de su vida.

Un dato por demás interesante, al confirmar que México, ya forma parte de la estadística ¿o acaso utilizar a las instituciones del Estado para fines electorales, como lo que está sucediendo con la PGR, no es una especie de déjà vu? La respuesta a este cuestionamiento es un SÍ definitivo.

Aunque el PRI se ha desvivido en hacerle creer a la ciudadanía que es un partido renovado, que ha aprendido de sus errores y, en consecuencia, que propone a un candidato no militante como muestra de su actitud de cambio, la verdad de las cosas es que solo es más de lo mismo.

El prócer de la “no militancia”, Pepe Meade el #YoMero, hoy realiza campaña con escolta de lujo y con costo al erario, pues ha sido la PGR la que se ha autoproclamado como tal, al empezar una batalla disfrazada de legalidad, pero completamente partidista.

Y es justo aquí, donde el déjà vu del utilitarismo priista de las instituciones públicas hace aparición. Usar el poder del Estado para beneficiar al partido en el poder es algo que, como bien lo define el término aludido, ya hemos visto antes.

Basta con recordar a Porfirio Díaz, quien bajo aquella infame expresión de “mátalos en caliente”, silenciaba impunemente y bajo el cobijo del Estado a todo aquel que osara estar contra el régimen. Solo unas cuantas décadas después, esta vieja práctica volvió a relucir durante los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, quienes en 1968 y 1971, respectivamente, utilizaron al Ejército mexicano como mecanismo de represión política bajo el falso argumento de la amenaza a la seguridad nacional.

Hoy, el partido tricolor, de nueva cuenta vuelve a enseñar el cobre, solo que en esta ocasión ha sustituido las balas por el uso indebido de las instituciones de gobierno.

El candidato blanquiazul que, si bien no es ningún santo, está siendo perseguido por la maquinaria institucional del Fiscal de la nación con una celeridad y prontitud nunca antes vista en México, mientras que las acusaciones en contra de Rosario Robles y, coincidentemente, José Antonio Meade, por el desvío millonario de 1,747 millones de pesos durante la gestión de ambos como titulares de SEDESOL, no han prosperado a pesar de que es la propia Auditoría Superior de la Federación quien ha puesto el dedo en la llaga.

Una justicia selectiva y casi providencial es la que emana de la PGR, favoreciendo solo a aquellos que no le son incómodos al régimen. La persecución política de Anaya no es el primer caso, por el contrario, es uno más que se suma a una larga lista de penosos acontecimientos como el infundado cese de Santiago Nieto como titular de la FEPADE, la inexplicable lentitud con la que iniciaron el proceso para la captura y extradición del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, o la renuencia del Director General de Control de Averiguaciones Previas para darle trámite a la denuncia promovida ante dicha dependencia por Alberto Athié Gallo en contra del excardenal Norberto Rivera por el encubrimiento de 15 presuntos sacerdotes pederastas de su arquidiócesis, entre muchos más.

El actual encargado de despacho de la PGR, Alberto Elías Beltrán, (espurio, por cierto, ya que no cumple los requisitos constitucionales para ostentar el cargo), es el mayor sinvergüenza que hoy existe en el gobierno del impresentable presidente Enrique Peña Nieto.

La paramnesia de esa burocracia abusiva y contraria a derecho está más presente que nunca, y tiene como principal protagonista al incompetente y actual titular de la PGR.

Pregona el PRI que una eventual victoria de “ya sabes quién”, constituiría el mayor retroceso que México pudiera vivir en su historia, al grado incluso de compararla con la situación que vive Venezuela. Estoy cierto de que MORENA no es la solución a la catástrofe presidencial que hoy sufre el país, pero lo que sí es un hecho, es que ha sido el partido tricolor quien más muestras de retroceso ha manifestado a lo largo de sus gobiernos.

Ojalá y el próximo 2 de julio, el déjà vu del priismo, deje de existir de una vez por todas y pasé a ser un mal recuerdo de una pesadilla que al fin terminó, ya que, por salud mental, México en verdad lo necesita.

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Adalberto Méndez López. Country Representative para México de la Organización Internacional Justice Travel, LLC., Director Ejecutivo del Centro Iberoamericano de Formación en Derecho Internacional y Derechos Humanos, A.C. (CIFODIDH) Y Consejero Académico del Instituto de Investigación y Estudios en Cultura de Derechos Humanos, A.C. (CULTURADH); Catedático de la Universidad Iberoamericana y del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM); Profesor visitante de la SUNY University at Buffalo (E.U.A) y del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (OEA); Twitter: @ADALSAMMA; E-Mail [email protected]