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Carlos Romero Deschamps es miembro activo del PRI desde sus 18 años (1961), donde inició su carrera como coordinador de campañas del tricolor en su estado natal Tamaulipas; hacia 1969 ingresó a PEMEX y dos años después comenzó actividades sindicales en la revisión del contrato colectivo.

En 1993 asume de forma interina la Secretaría General del Comité Ejecutivo General del STPRM y desde 1996, con la caída de “La Quina”, se ha encargado de la Dirección del Sindicato de Pemex. Romero Deschamps ha sido “electo” en cuatro ocasiones seguidas, y su actual gestión termina en 2018 junto con el sexenio.

A mediados de octubre de 2016, una corriente opositora, integrantes del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, liderados por Miguel Arturo Flores Contreras, interpusieron una demanda contra el dirigente Romero Deschamps y otros 10 miembros de su comité, ante la Subprocuraduría Especializada en Investigaciones de Delincuencia Organizada de la PGR.

La denuncia señala que el dirigente petrolero, miembros de su comité ejecutivo y otras personas cercanas al mismo, supuestamente incurrieron en delincuencia organizada, delitos con recursos de procedencia ilícita, fraude, fraude equiparado, extorsión y enriquecimiento ilícito.

Se basa en hechos que evidencian que Romero Deschamps y los otros inculpados se coludieron para de manera permanente y reiterada realizar conductas ilícitas, apoderándose del patrimonio del Sindicato Petrolero, como cuotas de los trabajadores, dinero producto de contratos, así como de venta de inmuebles propiedad del gremio, como las tiendas de consumo.

Se les acusa de desviar los recursos sindicales a sus cuentas personales, de familiares y amigos, utilizándolos para la compra de lujosas residencias, ranchos, yates, aviones, autos de lujo y otros bienes, sin el pago de los impuestos respectivos al fisco federal y, en algunos casos relacionándose con miembros del crimen organizado.

Flores Contreras también solicitó, unos días después, al PRI que cumpla con la supuesta limpieza de la casa y expulse de sus filas a Romero Deschamps, asegurando que ese liderazgo solo representa una vergüenza para el gremio petrolero y  de paso para el partido.

En breve paréntesis, quisiera aclarar que no estamos hablando de la declaración de Enrique Ochoa de la semana pasada, donde afirmaba que las “manzanas podridas” ya habían sido expulsadas del PRI, estamos hablando de la limpia que prometió en octubre del año pasado.

La denuncia se ha quedado en eso, seguramente archivada en algún viejo cajón de la PGR, la única realidad que persiste es el dispendio, los excesos, los absurdos y la impunidad absoluta del “Emperador del Huachicol” como lo nombran ya en las redes sociales, quien bajo el cobijo del fuero por el menor de sus títulos, Senador de la República, se ha dedicado durante 20 años a enriquecer a familiares, amigos y por supuesto a su persona.

Para cuando termine esta legislatura, en 2018, la trayectoria de Romero Deschamps en el Congreso sumará 21 años, realmente sin ninguna aportación:

En la Cámara de Diputados en tres ocasiones, la primera de 1979 a 1982, la segunda para el periodo 1991-1994 y la tercera entre 2000 y 2003; además también ha sido Senador de la República en dos ocasiones de 1994 a 2000 y en la actual legislatura que inició en 2012 y culmina en 2018, cabe aclarar que siempre lo ha sido por la vía plurinominal.

Escándalo tras escándalo, la riqueza se sigue acumulando, la Reforma Energética no lo tocó ni con el pétalo de una rosa, artífice u operador interno, pero siempre bien tratado por el sistema.

Nadie espera un movimiento abrupto en el Sindicato Petrolero, al menos no en este sexenio, sin embargo Romero Deschamps es una muestra del saqueo por 20 años de los bienes de la nación y también de los trabajadores y de cómo los apoyos, secretos e influencias están por encima de la ley.

También, de cómo funciona el enramado del poder político, un ejemplo viviente de la corrupción e impunidad priista desmedida, del tráfico de influencias y de la pertenencia al círculo rojo del Poder.

Y para muestra bastó la boda de la “Princesa” Paulina Romero, celebrada el pasado fin de semana en una lujosa terraza, para mil invitados, de la Ciudad de México con una privilegiada vista al Alcázar del Castillo de Chapultepec.

¿A quién quería usted ver?

A Miguel Ángel Mancera, quien se retiró antes de la recepción, o a Enrique Ochoa, líder nacional del PRI, que arribó junto con su esposa y el ex Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam.

Otro grupo cercano al polémico líder petrolero que se hizo presente en el evento estaba formado por René Juárez, subsecretario de Gobernación; los ex Gobernadores Francisco Olvera, de Hidalgo; Carlos Lozano, de Aguascalientes, y Mariano González Zarur, de Tlaxcala; así como Joel Ortega, ex titular de la SSP capitalina, y el panista de todos los moles, Diego Fernández de Cevallos.

También senadores como Salvador Vega, Diva Gastélum y Pablo Escudero, quien arribó acompañado de la diputada Sylvana Beltrones, hija de Manlio Fabio Beltrones.

Obviamente no podía faltar el director de Petróleos Mexicanos José Antonio González Anaya, ni el líder petrolero en Campeche, Víctor Kidnie de la Cruz, así como el brazo derecho de Romero Deschamps, Ricardo Aldana, ex tesorero del gremio y ahora presidente del Consejo General de Vigilancia, uno de los coacusados en la denuncia citada.

Estupefactos pues las sociales no son nuestra especialidad, sólo nos pudimos llevar como recuerdo del evento, unas interrogantes sin desperdicio…

¿Qué no hay expedientes sólidos y suficientes para consolidar las acusaciones en su contra?

¿Estaban esperando a que tuviera la edad suficiente para una prisión domiciliaria o será un caso más de Absoluta Impunidad?

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