Cuánta indolencia, señor presidente

Fotos: cuartoscuro.com
- Publicidad -

A dos días de que se llevara a cabo la consulta ciudadana organizada por el Gobierno federal, para decidir si arrancaba o no operaciones la termoeléctrica de Huexca, en Morelos, fue asesinado de cuatro tiros, dos de ellos en la cabeza, Samir Flores Soberanes, uno de los principales opositores al megaproyecto.

El activista, integrante, y una de las principales voces, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua, fue asesinado a balazos afuera de su casa en Amilcingo, Morelos, el pasado 20 de febrero.

La indignación por su muerte no se hizo esperar: activistas, compañeros de lucha y ONG marcharon en Morelos, Tlaxcala, Puebla y Ciudad de México, en protesta por su cobarde asesinato y para pedir la cancelación de la consulta impulsada por la nueva Administración.

Aparte, en una carta abierta al presidente Andrés Manuel López Obrador, un total de 200 académicos, científicos, investigadores, organizaciones civiles, pueblos y colectivos, le pidieron reconsiderar la consulta programada para decidir sobre la puesta en marcha de la termoeléctrica y la continuidad del Proyecto Integral Morelos (PIM).

Los firmantes, argumentaron que dicha consulta no cumplía con los mandatos propuestos por el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los indígenas, para que los pueblos afectados otorguen o no su consentimiento para la realización de inversión y desarrollo.

El mandatario lamentó el asesinato del activista, señaló que la consulta no sería cancelada “porque no sabemos también con qué intención se cometió este horrendo crimen, a lo mejor entre las posibilidades era afectar la realización de la consulta”, aseveró.

Y así, pese a reclamos, protestas y marchas, pese al asesinato de uno de los principales opositores de la termoeléctrica, la consulta se realizó tal y como se tenía prevista.

Apártense que llevo prisa, no importa el muerto, ni quién es ni qué representa para la comunidad donde luchó tantos años en defensa del territorio y del agua, la consulta va, porque así lo mando yo.

Por lo visto, indolencia es la respuesta inmediata del presidente López Obrador, ante las tragedias que han sacudido al país estos primeros meses de su gobierno.

Tras la masacre en Minatitlán el pasado 19 de abril, donde fueron asesinadas catorce personas durante un convivio, el silencio del presidente ante los trágicos hechos en Veracruz, fue ensordecedor. Tuvieron que pasar horas para que López Obrador diera señales de vida y no fue precisamente para lamentar o condenar el terrible suceso que tenía entre el espanto y la indignación a la sociedad mexicana.

El mandatario publicó un tuit donde criticaba a sus detractores. 24 horas después de la masacre de 14 personas, donde un menor de 1 año fue acribillado junto a su padre, donde los que resultaron heridos se debatían entre la vida y la muerte, al presidente le pareció adecuado guardar silencio ante el horror, no ofrecer condolencias, no difundir un mensaje que nos uniera como mexicanos ante la tragedia y decidió mandar un mensaje polarizante en su cuenta de Twitter.

Pero su indolencia no paró ahí, dos días después de la masacre, el presidente acudió a Veracruz y en plena conferencia de prensa, al ser cuestionado sobre la inseguridad que priva en la entidad, López Obrador, triunfalista, le levantó la mano al gobernador veracruzano y afirmó: “Cuitláhuac García tiene todo mi respaldo, la maleantada política quiere seguir imponiéndose. El gobernador no está solo. Cuitláhuac es una gente limpia, una gente transparente, con convicciones, inteligente, una gente honesta”.

Inaudito. Mientras los familiares de las víctimas de la masacre, lloraban y velaban a sus muertos, el presidente lanzaba vivas y elogiaba al gobernador veracruzano, señalado por su incompetencia para llevar paz y seguridad a sus gobernados.

Pero si la actuación del presidente en Veracruz nos pareció grotesca, indignante, de una insensibilidad enorme para con las víctimas, lo que sucedió el pasado miércoles 11 de junio en un evento oficial llevado a cabo en la capital del país, durante el cual, el mandatario salió en defensa de la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, ante las duras críticas contra su gobierno, tras el secuestro y asesinato del joven universitario Norberto Ronquillo, es a todas luces, repudiable.

Mientras el cuerpo de Norberto era velado por sus padres, familiares y amigos, a nuestro presidente se le ocurrió echarle porras, aplaudirle y darle todo su apoyo a la jefa de Gobierno. Porque “la maltratan mucho, unos grandulones, abusivos, ventajosos”, afirmó el presidente, al tiempo que le reiteraba su respaldo, le decía “no estás sola” y le alzaba la mano en señal de triunfo.

Otra vez, ante la tragedia, nuestro presidente exhibe su indiferencia, su desprecio a las víctimas, mientras aplaude y cobija a gobernadores que han mostrado incapacidad para implementar estrategias que modifiquen la tendencia de violencia y muerte que mantiene presa a los ciudadanos en las entidades que gobiernan.

De nuevo, ante el reclamo de ciudadanos hartos de los pocos o nulos resultados de autoridades en materia de seguridad, el presidente sale en su defensa.

La indolencia como respuesta. La victimización como justificación. La porra, el aplauso, el elogio, ante la crítica. Mal, todo mal. Ni pizca de autocrítica, ni un atisbo de que aceptan, de que asumen su responsabilidad ante la violencia incontenible en todo el país.

Ellos no son responsables de nada, ellos son las víctimas. Heredaron un país quebrado, erosionado, bañado en sangre, ¿qué no entienden? Nada de lo que ocurre a lo largo y ancho del territorio nacional es responsabilidad de ellos, es culpa de los otros, de esos que “callaron como momias mientras saqueaban y pisoteaban los derechos humanos”.

El nuevo gobierno es la víctima, ¡qué ceguera la nuestra que no alcanzamos a comprenderlo! Nosotros que no vemos el gran dolor y sufrimiento que les causamos con nuestras exigencias de paz y seguridad. Nosotros que pensamos que tenemos el derecho de exigirles que nos rindan cuentas. Que transparenten el uso de nuestros impuestos. Nosotros que creemos que el gobierno está para servirnos, para que las instituciones velen por nuestros intereses, defiendan y protejan nuestros derechos, no para que se echen porras entre ellos y justifiquen su ineptitud cada vez que una tragedia nos sacude como país. Somos unos tontos.

Comentarios