¿CUÁNDO SE JODIÓ MÉXICO?

Imagen de archivo
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En medio de una crisis inédita y extraña, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, sugirió a la ciudadanía abastecerse de gasolina de acuerdo con la terminación de la placa y el engomado del auto.

Aunque esa medida fue anunciada como mera recomendación, hizo que los mexicanos nos trasladáramos de manera automática a los tiempos de la Unión Soviética, a la eterna escasez cubana y a las cartillas de racionamiento impuestas por Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela.

Obligó a recordar el libro de Raúl Gallegos “¿Cuándo se jodió Venezuela?”.

El racionamiento es un instrumento de control político, económico y social impuesto por las dictaduras para enfrentar a sus enemigos internos y donde el pueblo y nadie más, resulta ser la víctima más importante.

Después de que el chavismo venezolano expulsó a los banqueros, industriales y comerciantes, Venezuela entró en una crisis económica que hoy pesa sobre los más pobres. No hay alimentos, medicinas, ropa, tampoco gasolina, ni los insumos más indispensables.

Ante esta crisis, provocada por Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el gobierno inventó una guerra contra los acaudalados para justificar su error.  Les dijo a los ciudadanos que la escasez se debía a que los hombres del dinero eran los autores de la crisis y que la mejor forma de vencer al enemigo era racionando productos.

Hoy, la mujer venezolana hace colas interminables en los supermercados esperando encontrar leche para su hijo recién nacido o bien para comprar los alimentos básicos del día.

Hay crónicas que describen cómo los venezolanos de todas las edades y niveles socioeconómicos deambulan por las calles con una bolsa de plástico esperando que llegue cualquier tipo de mercancía a las tiendas para pelearse a golpes por ella.

El racionamiento, es el primer paso dentro de una “economía de guerra”; el siguiente es el control de la política monetaria para evitar hiperinflación, el control de la industria, del comercio y de la empresa.

Los gobiernos que optan por racionar combustible o alimentos recurren a los medios para decirle a la gente exactamente lo que hoy se nos dice a los mexicanos: lo importante es resistir para vencer.

Lo que no sabemos bien a bien es a quién vamos a vencer o contra quién estamos peleando. Los huachicoleros son simples fantasmas, nadie les ha puesto nombre y apellido. Nadie los juzga y nadie los detiene.

México está pagando un costo muy alto por una guerra que no existe.

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