Cuando un amigo se va…

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“Cuando un amigo se va deja un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”.- Alberto Cortez.

La gran mayoría de quienes crecimos en Hispanoamérica durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, nos identificamos musicalmente con quienes, desde mi perspectiva y gusto personales, han sido dos de los cantautores en español más importantes de los últimos cincuenta años.

Me refiero al catalán Joan Manuel Serrat y al argentino Alberto Cortez, fallecido la semana pasada en Madrid a los 79 años. Más allá de la polémica hoy casi olvidada por haber adoptado al inicio de su carrera el nombre artístico de un cantante peruano quien en su momento lo acusó de plagio, el argentino logró ganarse el cariño, respeto y admiración del público de habla hispana al escribir poemas y canciones sobre aspectos sencillos y mundanos de la vida.

Desde luego que como la mayoría de los poetas y cantautores le cantó al amor en muchas de sus composiciones, pero su mayor fama la logró al referirse en sus letras a las cosas pequeñas comúnmente olvidadas por los artistas.

Canciones como Mi Árbol y yo, Cuando un amigo se va, Cuando le dije a mi padre, Castillos en el aire, El Vino, En un rincón del alma, El abuelo, Miguitas de ternura, Qué Suerte he tenido de nacer y muchas otras, marcaron la adolescencia y la juventud de varias generaciones.

Alberto era además un caballero en el escenario y un personaje ajeno a las formalidades, que trataba siempre de hacer contacto con su público. Recuerdo con nostalgia sus conciertos en el Teatro de la Ciudad y tras el incendio de 1984 que inhabilitó ese recinto durante más de una década, sus presentaciones en el Auditorio Nacional y sus giras por las principales ciudades del país.

Alberto Cortez fue sin duda el poeta de las cosas simples y de los hechos cotidianos de la vida, le cantó a la vida pero también a la muerte. Sin duda una pérdida grande para la música y las letras españolas de los últimos tiempos.

A pesar de no haberlo conocido en persona, más allá de mi constante asistencia a sus recitales a lo largo de los años, su partida me pesa como la de un amigo cercano.

De la letra de sus composiciones, me quedo con un gran número de ellas, pero en especial con la última estrofa de su canción poema Equipaje:

Cuando llegue mi hora,

la final, la suprema,

cantaré como ahora,

porque vale la pena,

sin ningún maquillaje,

con mi resto de calma,

mi canción, mi equipaje,

mis vivencias del alma.

Muchas gracias por todo querido Alberto y muy feliz viaje.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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