Comandante estadounidense cuenta su miedo durante el ataque iraní

Daños causados en la base militar de Ain al-Asad. Foto: Ayman HENNA / AFP
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Refugiados en bunkers durante horas mientras los muros temblaban bajo el impacto de los misiles lanzados por Irán: para un alto comandante estadounidense presente en la base el 8 de enero, lo ocurrido es “sin precedente”.

En entrevista exclusiva con la AFP en la base aérea de Ain al-Asad (oeste de Irak), el teniente coronel Tim Garland confía que sus superiores jerárquicos le advirtieron del ataque “con unas horas de anticipación”.

“Mi primera reacción fue de conmoción, incredulidad”, dijo y era escéptico sobre la posibilidad de que Irán pudiera y quisiera llevar a cabo un ataque tan temerario.

El ataque iraní contra la base de Ain al Asad, utilizada por el ejército estadounidense, fue una respuesta al asesinato del poderoso general iraní Qasem Soleimani, en un ataque estadounidense cerca del aeropuerto de Bagdad el 3 de enero.

La base atacada, situada en la provincia de Anbar, es una de las más grandes del país, con miles de soldados iraquíes, y algunas secciones son utilizadas por los 1 mil 500 soldados estadounidenses que forman parte de la coalición antiyihadista liderada por Estados Unidos.

La prioridad era proteger a los soldados, dice el teniente coronel. A las 23:00 locales (20:00 GMT), las fuerzas estadounidenses y de la coalición salieron de sus dormitorios para correr a los bunkers fortificados, en tanto otros fueron dispersados en diferentes lugares de la base.

La espera fue larga, bajo tensión, durante más de dos horas.

Incluso para el experimentado Garland, nada preveía la violencia del futuro ataque, que comenzó a la 01:35 locales (22:35 GMT).

“Cuando la primera salva (de misiles) cayó, fue el ruido más estruendoso jamás escuchado”, recuerda.

“Había algo extraño en el aire, la manera cómo se movía y se recalentó. La puerta se plegaba hacia una onda de choque y luego hacia otra”, relata.

Durante tres horas, unas cinco series de ataques de misiles balísticos impactaron la base, a intervalos regulares.

“No había tenido tanto miedo desde hacia tiempo”, señala el teniente coronel, que ha estado en servicio varias veces en Irak.

“No sabíamos cómo terminaría, si se iba a convertir eso en un tapiz de bombas”, agregó.

Hacia las 04:00 de la mañana (01:00 GMT), los militares salieron de los bunkers para descubrir la base con múltiples incendios y más de diez lugares con impactos.

Pero, por milagro, ningún soldado murió. Solo dos que estaban de guardia en torres de avistamiento, cayeron al suelo, pero solo tienen conmociones.

“Que hayan sobrevivido es un milagro divino”, dice el militar.

Según este, el intervalo observado entre cada salva de misiles estaba calculado para hacer creer a los soldados que el ataque había terminado. “Era un intervalo muy largo para que pensáramos que estábamos seguros. Creo que fue a propósito para que hubiera víctimas”, asegura.

Cuando la AFP visitaba el lunes la base por invitación de la coalición, la mayoría de los escombros habían sido retirados y un buldócer transportaba barras de metal retorcidas y otros restos en la pista de aterrizaje de la base.

Uno de los dormitorios de los soldados quedó pulverizado y el lunes un olor a metal fundido seguía flotando en el aire.

Los soldados confiaron a  la AFP que perdieron todos sus efectos personales: prendas, libros, fotos de sus familias y mensajes que guardaban con cuidado en cada destino militar, a veces desde hacía diez años.

Pero, dada la intensidad de los ataques iraníes, todos tuvieron mucha suerte, señala Garland.

“Ataques con misiles balísticos para el espectáculo. Es algo sin precedentes”, subrayó.

(AFP)

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