Cadena de favores tras fabricación de miles de mascarillas para coronavirus en Chile

Natalia Ostornol (centro) y Cristian Jara creadores de la iniciativa "Mascarillas Gratis" entregan kits a Jennifer Lira, quien los distribuye a otros voluntarios en Santiago de Chile, para repartirlos al personal médico. Foto: CLAUDIO REYES / AFP
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Partió de la idea de ayudar a los funcionarios de la salud pública de Chile -carentes como en casi todo el mundo de elementos de protección para hacer frente al coronavirus- y se convirtió en una extensa cadena de favores para la confección de miles de mascarillas.

Hoy casi 300 costureras en todo Chile cosen cubrebocas de telas que son entregadas en distintos centros de salud públicos del país, donde los medios de protección personal se agotan rápidamente ante el temor a los contagios de coronavirus.

“Es más que un regalo, es un aporte para seguir trabajando”, dice a la AFP Pedro Verdugo, director de un centro de salud familiar de la populosa comuna de Puente Alto, en el sur de Santiago, tras recibir la donación de unos 250 tapabocas confeccionadas por la iniciativa “Mascarillas gratis” que lidera la chilena Natalia Ostornol, de 37 años.

Todo arrancó hace casi un mes, cuando los contagios comenzaron a extenderse en Chile, y empezaron a aparecer en distintos medios de comunicación imágenes de la forma deficiente en que algunos centros de salud públicos hacían frente a la pandemia.

“Vi en la televisión cómo los propios enfermeros estaban cosiendo” las mascarillas, recuerda Natalia.

Sin trabajo desde semanas producto de las medidas de confinamiento que paralizaron diversas actividades económicas, entre ella la de la construcción en la que Natalia se desempeñaba, se le ocurrió la idea de confeccionar ella misma las mascarillas y entregárselas a los funcionarios de la salud pública para ayudarlos en su tarea.

Escribió una publicación en sus redes sociales pidiendo ayuda y rápidamente la idea explotó. Su teléfono no para de sonar desde ese día, coordinando la ayuda y las donaciones, capacitando a los nuevos costureros que se suman a cada momento, fabricando y repartiendo las mascarillas.

En el camino, ideó un tutorial para enseñar cómo confeccionar las mascarillas bajo exigentes estándares de seguridad y limpieza, y diseñó unos un kits -que incluyen telas, elásticos, desinfectantes y papel absorbente- para entregárselos a todos los que quieran sumarse a su iniciativa.

– “No estamos solos en esto” –

“Es lo mejor que me ha pasado. El mejor trabajo que he tenido aunque no gane nada”, dice Natalia, sorprendida por la cantidad de personas que buscan sumarse cada día a su iniciativa, desde quienes quieren donar dinero, género (tela) o elásticos, confeccionar los tapabocas, o repartirlos como Jennifer Lira, una mueblista de 38 años, que debió cerrar su fábrica debido a la pandemia.

“Pensé: tengo mi vehículo ahí parado y me decidí a ayudar (…) Dentro de tanta desgracia, esto me llena el corazón”, relata Jennifer a la AFP, mientras reparte las mascarillas junto a Natalia.

Las mascarillas se fabrican con doble tela que filtra la emisiones de fluidos. Hasta ahora esta cadena de favores ha logrado fabricar más de 2.000 cubrebocas, que han sido entregados en una decena de centros de salud. El gobierno también hace entrega de elementos de seguridad pero estos se acaban rápido, obligando en algunos casos a los propios trabajadores a comprar insumos de protección personales.

“El mayor miedo de los funcionarios es quedarnos sin elementos de protección personal. Y si nosotros nos enfermamos, ¿Quién atiende a los pacientes?”, dice Pedro Verdugo.

La entrega de estas mascarillas, agrega, nos hace sentir que “no estamos solos en esto”.

(AFP)

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