Brasilia, la capital futurista de Brasil, cumple 60 años

Catedral de Brasilia. Foto: Sergio LIMA / AFP
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Brasilia, la ciudad planificada con icónicos edificios futuristas, recibió el apodo de “capital de la esperanza”, pero el próximo martes cumple 60 años sumida en el desánimo planetario por la pandemia de coronavirus y en una tensión política extrema por las críticas del presidente Jair Bolsonaro contra las medidas de cuarentena.

El Distrito Federal tenía previsto una copiosa programación de eventos conmemorativos, entre ellos conciertos, exposiciones de arte y una misa en la vistosa catedral, uno de los edificios proyectados en la capital por Oscar Niemeyer, el fallecido arquitecto de la “curva sensual”.

Pero todo quedó aplazado durante, por lo menos, tres meses. En su lugar, las autoridades promueven ahora que los ciudadanos canten un “cumpleaños feliz” desde las ventanas de sus casas y preparan un video conmemorativo con la participación de artistas y personalidades vinculados al origen de Brasilia.

Un aniversario muy deslucido para festejar el nacimiento de este proyecto faraónico diseñado por el urbanista Lúcio Costa y levantado en cuatro años en el despoblado centro de Brasil, a más de mil kilómetros de Río de Janeiro, la capital desde 1763 hasta 1960.

Edificio del Congreso en Brasilia 

– “Otro planeta” –

No es de extrañar que, cuando visitó Brasilia en 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin dijera que tenía la impresión “de estar desembarcando en otro planeta”.

A vista de pájaro, el llamado Plano Piloto de Brasilia tiene forma de avión, con dos grandes ejes que se cruzan: el monumental, con la amplia Explanada de los Ministerios y la Plaza de los Tres Poderes, y el residencial, una sucesión de ‘supercuadras’ de edificios de viviendas prácticamente iguales con jardines y amplias zonas verdes que invitan a la calma.

Estos días, las calles de esta ciudad utópica que buscaba eliminar las diferencias sociales, pero que ha terminado siendo un espejo de la desigualdad de Brasil, con decenas de empobrecidas ciudades satélite, lucen prácticamente vacías.

El pasado 12 de marzo, el gobernador Ibaneis Rocha se convirtió en el primero de Brasil en decretar estrictas medidas de aislamiento social, como la prohibición de eventos masivos y el cierre de colegios, comercios, bares y restaurantes hasta los primeros días de mayo.

Palacio de Planalto, sede del poder Ejecutivo federal brasileño

– Una “gripecita” –

Una decisión que no agradó a Bolsonaro, muy criticado por haber rebajado en un primer momento la importancia de la covid-19, a la que comparó con una “gripecita”.

El mandatario ultraderechista se ha enfrentado a las autoridades locales y estatales, e incluso a propios aliados, al hacer campaña contra la cuarentena que está siguiendo buena parte de la sociedad brasileña, con el argumento de evitar la debacle económica y el consecuente caos social.

Este jueves destituyó al popular ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, por sus diferencias irreconciliables.

Y eso a pocas semanas del auge de la pandemia, previsto para mayo, en este país de 210 millones de habitantes, el que más víctimas tiene por el coronavirus en América Latina.

El mandatario, de 65 años, ha salido varias veces a las calles de Brasilia para visitar comercios y saludar y hacerse fotos con sus seguidores, generando pequeñas aglomeraciones mal vistas en estos tiempos.

Pero su presión no está surtiendo efecto en el Distrito Federal, la unidad federativa con mayor renta per capita de Brasil, donde el mandatario obtuvo casi un 70% de los votos en la segunda vuelta de la presidenciales.

Según datos divulgados por la prensa local, sus cerca de tres millones de habitantes son los que más están siguiendo el confinamiento voluntario, pese a que la semana pasada el gobernador permitió la apertura de algunos comercios no esenciales para reactivar la economía.

“Aquí hay mucho funcionario público que puede hacer teletrabajo, lo que hace que se haya conseguido un aislamiento social bastante bueno”, explica a la AFP la infectóloga Eliana Bicudo, asesora de la Sociedad Brasileña de Infectología.

“Pero en las ciudades satélite, donde hay más trabajadores del sector servicios que están con el agua al cuello, seguramente el aislamiento va empezar a ceder”, agregó.

(AFP)

Un anuncio que pide a los habitantes de Brasilia quedarse en casa, cerca de la estación de autobuses

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