Bolsonaro juramenta a su cuarto ministro de Salud, con Brasil en caos por el covid

16 de marzo de 2021.-Marcelo Queiroga (izquierda), designado por Jair Bolsonaro para dirigir el Ministerio de Salud, y Eduardo Pazuello, ministro saliente. Foto: EVARISTO SA / AFP
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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, juramentó el martes a su cuarto ministro de Salud en un año de pandemia, una semana después de designarlo para asumir el combate a la hecatombe sanitaria que ya dejó más de 298.000 muertos.

El cardiólogo Marcelo Queiroga, de 55 años, “fue juramentado en el cargo en una ceremonia privada”, en sustitución del general Eduardo Pazuello, indicó el ministerio de Salud en un comunicado.

“El nuevo ministro reúne los criterios técnicos y el perfil de reputación implacable exigidos para el cargo, con amplia experiencia en el área, no solo de la salud, sino de gestión”, agrega la nota.

El 15 de marzo, el mandatario ultraderechista anunció que designaría a Queiroga para sustituir a Pazuello, quien ha sido duramente criticado por su manejo de la pandemia en los diez meses que ocupó el cargo.

La tardanza para juramentar a Queiroga creó la inusual situación de tener a dos ministros de Salud, acentuando las críticas contra el gobierno, en momentos en que la letalidad del covid-19 bate récords y los hospitales se hallan al borde del colapso.

Según la prensa brasileña, Pazuello podría asumir la secretaría especial del Programa de Alianzas para Inversiones (PPI), del ministerio de Economía.

De ese modo, mantendría su fuero como ministro y evitaría los procesos judiciales que se ciernen sobre él a causa de la falta de suministro de oxígeno en Manaos, capital del estado de Amazonas (norte), donde en enero decenas de pacientes murieron asfixiados por la falta de ese gas en los hospitales.

Con 212 millones de habitantes, Brasil supera los 2.000 muertos diarios por coronavirus en promedio, el triple de lo que reportaba en enero, y acumula más de 298.000 víctimas del virus, un balance superado solo por Estados Unidos.

Los expertos sostienen que el aumento de casos y muertes se ha visto agravado por una nueva variante del virus, más contagiosa, procedente de la región amazónica.

Los dos primeros ministros de Salud, los médicos Luiz Henrique Mandetta y Nelson Teich, salieron del cargo por confrontar a Bolsonaro en su rechazo a las medidas de confinamiento o el uso de la mascarilla para contener la pandemia.

La pandemia de coronavirus en Brasil se cobró por primera vez más de 3.000 vidas en 24 horas, en momentos en que la situación del país causa alarma mundial y presiona al presidente Jair Bolsonaro, quien prometió un pronta vuelta a la “normalidad”.

El gigante sudamericano, de 212 millones de habitantes, registró 3.251 muertos en un día, con lo cual totaliza 298.676 fallecidos desde el primer óbito hace un año. Los casos suman 12,1 millones, con 82.493 contagios en las últimas 24 horas.

En los últimos siete días hubo un promedio diario de 2.364 víctimas del covid-19, una cifra en constante alza desde el 22 de febrero y que representa el triple de la de inicios de año (703), alcanzando niveles nunca vistos durante la primera ola de la pandemia en 2020.

La escalada puso al sistema sanitario al borde del colapso, con las unidades de cuidados intensivos (UCI) con una tasa de ocupación superior al 80% en la mayoría de los 27 estados brasileños y una creciente “preocupación” por el riesgo de falta de tubos de oxígeno en por lo menos seis estados, según un informe de la Fiscalía General.

El descontrol de la pandemia tiene en vilo a toda Sudamérica.

La transmisión del virus “sigue aumentando peligrosamente en todo Brasil” y esa “terrible situación también está afectando a los países vecinos”, afirmó la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa Etienne.

Etienne citó el aumento de casos en regiones de Venezuela, Bolivia y Perú limítrofes con Brasil, así como en Uruguay, Paraguay y Chile.

– “En breve vida normal”-

Los expertos atribuyen parte de esa tragedia a la nueva variante del coronavirus registrada en la Amazonía, conocida como P1, que puede ser al menos dos veces más contagiosa.

Y al poco acatamiento de las normas de distanciamiento social, con la complicidad de Bolsonaro, quien ha promovido constantemente  aglomeraciones con sus partidarios sin el uso de máscaras y cuestiona las medidas de cuarentena debido a su impacto económico.

El martes por la noche, el mandatario de ultraderecha prometió a los brasileños que volverán a la normalidad en breve gracias a la vacunación, pese a que esta avanza lentamente y con problemas logísticos.

“Quiero tranquilizar al pueblo brasileño y afirmar que las vacunas están garantizadas. Al final del año, habremos alcanzado más de 500 millones de dosis para toda la población. En muy poco tiempo, retomaremos nuestra vida normal”, declaró.

Su discurso tuvo como fondo sonoro cacerolazos de protesta en las principales ciudades del país, como Río de Janeiro, Sao Paulo y Brasilia, refirieron periodistas de la AFP.

Alcaldes y gobernadores impusieron medidas de aislamiento social, limitando el comercio a actividades esenciales, pero sin garantías de acatamiento ni de coordinación entre ellos y mucho menos con el gobierno federal, que siempre se opuso a ese tipo de limitaciones.

Por ahora, 11,1 millones de brasileños, un 5,2% de la población, han recibido al menos una dosis, y 3,5 millones han recibido la segunda, según datos oficiales recogidos por la AFP.

El mandatario, quien aspira a ser reelegido en 2022, expresó su solidaridad “con todos aquellos que tuvieron pérdidas y con sus familias”.

(AFP)

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