Arreola, el Rey Midas de la palabra

- Publicidad -

Juan José Arreola alguna vez me dijo que pertenecía a la orden de los confesionales, “como San Agustín, como Villon, como Montaigne pero en miniatura”.

Necesitaba contarlo todo, decirlo todo, no llevarse nada oculto a la tumba. “Soy como un camión de volteo que arroja todo a veces a un desconocido”. 

Y era verdad, casi no se necesitaba preguntarle nada para escuchar su caudal de historias, reflexiones, incertidumbres. Compartía el vino, las anécdotas, sus saberes vastos en literatura.

Provocar  su memoria era un punto para disparar la imaginación y llegar hasta las diosas madres del principio de los tiempos que hacían la tierra pródiga.

Y gracias a esa gana de contarlo todo me enteré, después de participar con él en una charla pública, que la primera casa donde vivió en la Ciudad de Mexico fue en 5 de mayo, en el número 62, en pleno Centro Histórico. Era una casona con paredes de tezontle que pertenecía a Rosita Montenegro, hermana del pintor Roberto Montenegro.

-¿Y su primer trabajo? 

-Vender sandalias de Colima en abonos.

Existe una foto en la que se le ve con su cargamento de zapatos y uno de sus mejores cuentos se refiere a un oficio que tiene que ver con el calzado: “Carta a un zapatero”.

En 1985 en el homenaje que le hicieron en Bellas Artes, Salvador Elizondo dijo que Juan José Arreola era uno de los escritores más importantes de nuestro tiempo. Una especie de Rey Midas de la palabra:

 “Su obra es como un acto de magia misericordiosa, un acto de caridad dirigido a los humillados y ofendidos del escrito literario.

Dicen que Cervantes y Goethe tuvieron también el secreto de esa alquimia que encuentra el oro en el texto”.

Pero sin duda el mayor homenaje que recibió Arreola en vida, fue el prólogo escrito por Jorge Luis Borges para Confabulario:

 “Creo descreer del libre albedrío, pero si me obligaran a cifrar a Juan José Arreola en una sola palabra que no fuera su propio nombre, esa palabra estoy seguro sería libertad. Libertad de una ilimitada imaginación regida por una lúcida inteligencia. Desdeñoso de las circunstancias históricas, geográficas y políticas, Juan José Arreola, en una época de recelosos nacionalismos, fija su mirada en el universo en sus posibilidades fantásticas. Que yo sepa, Juan José Arreola no trabaja en función de una causa y no se ha afiliado a ninguno de los pequeños ismos que parecen fascinar a las cátedras y los historiadores de la literatura. Deja fluir su imaginación para deleite suyo y para deleite de todos”.

Comentarios