Armas = Violencia

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Tanto en la Ciudad de México como buena parte de los estados se suceden día con día hechos de violencia mediante la utilización de armas de fuego, esto se traduce cada vez en mayor número de  muertes de personas inocentes.

Más allá de la triste realidad que deriva de los crímenes cometidos por los cárteles de la delincuencia organizada, que casi siempre son con motivo de ajustes de cuentas o enfrentamientos entre miembros de los diversos grupos delictivos por el control de una plaza, o de estos contra las fuerzas de seguridad pública, están los asaltos a mano armada en el transporte público, en las zonas de tránsito intenso de vehículos, en bancos, comercios y restaurantes o en medio de la calle y a plena luz del día.

Los delincuentes actúan con frecuencia en grupo, para provocar mayor terror a las víctimas, algunos operan en parejas, aunque también hay asaltantes solitarios. El común denominador es que casi todos llevan consigo un arma de fuego que utilizan para intimidar y golpear pero también para disparar y en consecuencia herir gravemente o matar a quien han elegido para robar o a aquel que por desgracia se cruza en su camino.

La mayor parte de las veces el botín es una pequeña suma de dinero, pues la gente común no suele cargar cantidades fuertes de efectivo y el teléfono celular que casi todos llevamos con nosotros, que los ladrones luego venderán por algunos pesos.

Si la víctima se resiste, con frecuencia le va la vida en el intento de salvaguardar sus pertenencias. Los asaltantes con frecuencia están nerviosos o actúan bajo el efecto de alguna droga y eso provoca que no tengan pleno control del arma que llevan consigo o que ni siquiera sepan bien como se utiliza.

El resultado es que el número de homicidios sigue creciendo junto con el grado de impunidad. Los asaltantes y homicidas como sabemos casi nunca son atrapados y sus crímenes por tanto quedan sin castigo.

En forma paralela al tráfico ilegal de drogas, existe igualmente un mercado negro de armas de fuego, en su mayoría de pistolas que son compradas o incluso rentadas por los delincuentes para cometer sus fechorías.

No se trata de los fusiles de asalto AR-15 o de los cuernos de chivo, o lanzagranadas que utilizan los grandes grupos criminales. Son por lo general armas cortas de todos los calibres conocidos y que proliferan en el bajo mundo.

En México como sabemos la portación de armas de fuego está prohibida por la ley y la falta a esta disposición se convierte además en un delito grave cuando se trata de aquellas que por su letalidad están reservadas para el uso exclusivo de las fuerzas armadas (Ejército y Marina).

Adquirir un arma solo puede hacerse de manera legal a través de la Secretaría de la Defensa Nacional y cumpliéndose un listado de requisitos muy estricto y extenso. Lo mismo sucede con las balas necesarias para utilizarlas.

A pesar de ello, conseguir un arma de fuego es algo muy sencillo para la delincuencia, por lo general provienen de los Estados Unidos aunque también de Europa y de Asia. Las autoridades no tienen ningún control sobre ello. Si bien esporádicamente se ponen en marcha campañas de “despistolización” mediante las cuales el gobierno entrega despensas o dinero a quienes las entregan voluntariamente, se trata en la mayoría de los casos de armas viejas o descompuestas y no de las que habitualmente utilizan los delincuentes. Es querer tapar el sol con un dedo.

Ante la violencia e inseguridad que no cesan de crecer en prácticamente todo el territorio nacional, resulta indispensable que las autoridades de todos los niveles establezcan como política prioritaria la lucha contra el contrabando y tráfico de armas.

Reforzar los controles fronterizos, Identificar los lugares donde estas se comercian a través de labores de inteligencia e investigación, así como a los principales proveedores de estas, catear los sitios en donde se almacenan y confiscar todas las que sea posible debe ser una de las principales metas a corto plazo, si es que de veras se quieren disminuir los índices delincuenciales y regresar a los ciudadanos la seguridad que todos demandamos.

La campaña debe ser permanente e implacable, solo de ese modo podremos los mexicanos volver a dormir en paz.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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