Armando Ramírez estrena novela “Déjame”

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Tras algún tiempo de privarnos de su crónica, regresa Armando Ramírez con una novela donde las mujeres del protagonista nos hacen recorrer el Centro de la Ciudad de México, sus colonias, sus hoteles y sobre todo el espíritu bohemio.

En entrevista nos comenta que muchas edificaciones del Centro Histórico, en la época de la Conquista, fueron edificadas sobre las ruinas prehispánicas, y ello nos hace recordar que de esa manera construimos nuestras relaciones amorosas, sobre las ruinas y las cicatrices de las heridas y decepciones anteriores.

“Es la historia misma de México, está construida sobre cicatrices, sobre sus traumas y conflictos, desde Leoncio Ramírez (que levantó su casa sobre la pirámide del dios Ehécatl-Quetzalcóatl) hasta nuestros días”.

La novela mantiene una esencia musical, “es la cultura de Iberoamérica donde el bolero, la música romántica, que está lleno de cursilerías, lleno de letras, que para cuando uno está enamorado, y decimos ‘esa me llega’ y eso no lo encuentro mucho en otros países que no sean de Latinoamérica o de España”.

Refiere que “es el espíritu del romanticismo que permea el alma mexicana” con momentos como aquella canción de Jesús Rasgado: “Naila una noche de luna lloraba ante mí (…), Yo le pregunté por qué lloraba, y ella me contestó así. Ya mis caricias no son buenas, ya no soy Naila para ti, ya me embriagué con otro hombre”.

Comenta que en la vida real, los hay “muy machos, muy machos y a pesar de una infidelidad, de todas forma se reconcilian, porque es el alma y parte de nuestra cultura sentimental”.

El escritor y guionista dice que cuando se camina por “Tepito, la Santa Julia o la Guerrero  y Xochimilco los que venden discos en la calle, todos ponen música antigua: la Santanera, o boleros”.

Afirma que es la parte sentimental del mexicano, “es el soundtrack de la vida de cada quien, ya sea Santanera, Maná o Natalia Lafourcade con ese disco que acaba de sacar con los Macorinos, donde tiene una canción bellísima de María Grever que se llama Alma mía, que dice que ‘si yo encontrara un alma como la mía’, que son boleros tradicionales y que siempre tienen una nueva grabación de algún artista contemporáneo”.

“El espíritu de la novela está dentro de ese sentimiento de la canción romántica latinoamericana, y a final de cuentas las letras son para eso, para reflejarlas en una situación amorosa, y así se dan los conflictos de pareja”.

El autor de Chin Chin el teporocho recuerda una de las lineas que escribió para Quinceañera pero que no utilizó “El amor es como los microbuses o el metro, si se te va uno, al rato llega el otro”.

En Déjame el personaje central que, casualmente se llama Armando, encuentra en la azotea de su casa un remanso donde puede apreciar el barrio.

“La azotea de la casa donde crecí se cayó con los sismos del 85, pero esa vecindad daba a una tienda que se llamaba La Esperanza, la cual abría toda la noche, era de un español, en el día dormían y en la noche trabajaban, era de las pocas tiendas donde se vendía alcohol a las tres, o a las cinco de la mañana”.

“Me subía a la azotea y daba a la parte de atrás de la casa del español, tenía un piso shedron, había azulejo árabe y una fuente al centro y nada más se oía el trinar de los pájaros y un pinche gato que andaba por ahí”.

“Pero yo nunca los veía (a los habitantes), de repente aparecía una chava o un chavo, y yo siempre me preguntaba ¿quién viviría ahí? ¿Qué harían? Y a partir de eso comencé a escribir Chin Chin el teporocho”.

“Entonces la azotea para mí es importante, ves de arriba las cosas, o encuentras la soledad o encuentras la compañía, lo que quieras está ahí”.

El cronista considera que actualmente el Centro se ha vuelto muy cosmopolita, lleno de edificios que se descubren, de cafés donde te puedes estar leyendo o estar viendo a la gente, aunque lamenta que él ya no lo puede hacer tan seguido, porque de pronto la gente comienza a verlo a él.

Armando Ramírez nació en el barrio de Tepito, en la Ciudad de México. Narrador y cronista, ha participado en diversos programas de radio y televisión como guionista, reportero, conductor y realizador, además de haber sido colaborador en publicaciones como Jueves de Excélsior, Sucesos para Todos y Unomásuno.

Fue cofundador del colectivo Tepito Arte Acá. En 1987 recibió el Premio Cabeza de Palenque 1987 por su guion cinematográfico Me llaman la Chata Aguayo.

Entre sus libros destacan las novelas Chin Chin el teporocho, Noche de califas (ambas adaptadas para el cine, con guion del autor), Pu, Quinceañera, La casa de los ajolotes, ¡Pantaletas!, La Tepiteada y Fantasmas, así como los volúmenes de cuentos La crónica de los chorrocientos mil días del año del barrio de Tepito y Bye bye Tenochtitlán.

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