El apartheid alimenta la desconfianza hacia las vacunas anticovid-19 en Sudáfrica

18 de julio de 2020.-Manifestantes de Liberty Fighters Network (LFN) protestan contra los ensayos de una vacuna anticovid-19 en el hospital Chris Hani Baragwanath en Soweto. Foto: MARCO LONGARI / AFP
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La anciana observa, ensimismada, cómo se oscurece el cielo a lo lejos. Se avecina tormenta. Pero al escuchar la palabra “vacuna”, se altera. “No confiamos” en eso, afirma Josefine Hlomuka, de 82 años, que pasó más de la mitad de su vida bajo el apartheid en Sudáfrica.

Las décadas de manipulaciones y de abusos contra la mayoría negra de Sudáfrica continúan levantando ampollas y causando dolor, y salen a relucir de forma frecuente. El sentimiento antivacunas, atizado por el mismo populismo visible en otras partes del mundo, gana fuerza aquí.

Un escepticismo que se ha hecho patente desde que el país del continente africano más afectado por la pandemia intenta conseguir vacunas para su población, suscitando un sinfín de teorías conspiracionistas de toda índole, de las más clásicas a las más inverosímiles.

En White City, un barrio de Soweto cuyas casas idénticas recuerdan la existencia de un antiguo cuartel, los vecinos se muestran reacios ante el inmunizante. “He visto a gente a la que le inyectaron [la vacuna] y que ha muerto”, asegura Tshegofatso Mdluli, 22 años, cuyos dos dientes de oro iluminan su sonrisa.

“¿Y si nos dieran una vacuna de tercera?”, pregunta, con un ligero aire de sospecha, Mbali Tshabalala, de 35 años, frente a su humilde vivienda. “Los efectos que eso podría acarrear… me quitan el sueño”, afirma la mujer.

Mitos y rumores “están enraizados en unas angustias muy reales”, fruto de “experiencia muy concretas”, explica la profesora de Salud Pública Helen Schneider, recordando el proyecto secreto de inyecciones de los años 1980 destinado a atajar la fertilidad de la población negra.

Su artífice, Wouter Basson, apodado “Doctor muerte”, generó polémica el mes pasado, cuando se hizo público que seguía ejerciendo en dos clínicas del país.

En los años 2000, surgieron sospechas del mismo tipo en torno a tratamientos contra el sida. “El fin del apartheid estaba tan cerca, se puede imaginar lo fácil que era hacer un paralelismo […] Otro invento de los blancos para dominar, para controlar”, comenta Eric Goemaere, de Médicos Sin Fronteras (MSF), que participó en en esa campaña en un gran “township” de Ciudad del Cabo.

– “Destruir a los africanos” –

Los poderes públicos intentaron contrarrestar las sospechas mucho antes de que llegaran las primeras vacunas a Johannesburgo, el lunes. “Las informaciones falsas ponen vidas en peligro”, advirtió en enero el presidente Cyril Ramaphosa, instando a “fomentar la confianza”.

“No se crean todo lo que leen en sus mensajes de WhatsApp”, insistió la bióloga Koleka Mlisana durante una rueda de prensa virtual la semana pasada.

“No hay ni microchips ni rastreadores escondidos en las ampollas”, recalcó. “Ninguna vacuna puede modificar su ADN”, agregó, indicando además que el coronavirus no busca “destruir a los africanos” y pidiendo a la población a consultar los balances de Estados Unidos o Europa, por ejemplo.

En enero, solo el 51% de los sudafricanos se declaraban dispuestos a vacunarse, según un sondeo de Ipsos, y el 67% según otra encuesta de la Universidad de Johannesburgo, que destacaba que entre los escépticos solo el 10% alegaba teorías complotistas.

“Por supuesto que [estas teorías] juegan un papel, pero existen razones más profundas que ocupan menos espacio en los medios”, sostiene Sarah Cooper, del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica.

Como ocurriera durante la epidemia del sida, las personalidades públicas están aportando su imagen para tranquilizar a la población. El pastor Desmond Tutu, figura de la lucha antiapartheid, y otros anunciaron que se vacunarán.

Pero “la información que viene desde arriba llega mal”, constata Mocke Jansen Van Veuren, organizador de un taller de sensibilización ante el covid-19 en el barrio de Kliptown, en Soweto, un distrito muy empobrecido. “El gobierno no es una fuente fiable, desgraciadamente. Nos miente todo el tiempo”.

La sombra del apartheid continúa planeando. “Los negros y los mestizos están traumatizados”, interrumpe un joven durante un taller organizado un sábado. “Y el gobierno no lo tiene en cuenta”, lamenta.

(AFP)

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