Apareció el que faltaba: Salinas de Gortari, el Maquiavelo mexicano

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A la creciente efervescencia política entre “pejefóbicos” y “amlovers”, así se clasifican entre ellos en las redes sociales y las conversaciones de café, y la radicalización de la opinión, que sigue siendo alimentada diariamente por los columnistas y conductores de radio y televisión afines a los grupos de poder y por la nueva ola de columnistas, activistas y seguidores de López Obrador, que se han dedicado a mantener la hoguera bien caliente y la polarización de la sociedad completamente palpable, le faltaba la participación de Carlos Salinas de Gortari.

El expresidente de México, afirmó durante su participación en la ponencia “Realismo e idealismo en Maquiavelo”, que se realizó en el Instituto Mexicano para la Justicia, que a 500 años de la primera publicación de El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, se puede decir que “muchos gobernantes y políticos han leído esa obra, pero pocos la han entendido”.

¿Habrá querido decir algo más?

Efectivamente, pues también subrayó que “estamos en un momento maquiavélico, porque la República está ante un gran riesgo, el de renacer o el de desaparecer”.

La cantidad y profundidad de los dobles mensajes, muy al estilo del florentino, las mantuvo citándolo: “El riesgo es alto para la República si las circunstancias cambian y el gobernante no cambia su forma de proceder, porque las repúblicas también perecen”.

Sin hacer una alusión específica, aunque no había necesidad, el exmandatario sostuvo que “quien se prepara para gobernar tiene que prepararse para el golpe inesperado, para el cambio inesperado” pues lo más difícil para un individuo en el poder es dar un giro en su actuar al verse sorprendido por un fenómeno inesperado.

Acompañado de Maurizio Viroli, politólogo e historiador en la Universidad de Princeton, y por Luigi Maccotta, embajador de Italia en México, Salinas de Gortari fue presentado, junto con Viroli, como dos grandes maquiavélicos, no cabe duda que su fama y sus métodos son reconocidos.

El politólogo italiano también aprovechó el momento e hizo un par de aportes que vale la pena diseccionar y transferir a nuestra coyuntura, a pesar que pudiera parecer a lo lejos que se contrapone uno con otro: en el primero, afirmó que el realismo de Maquiavelo iniciaba desde el momento de asimilar que la política es verdaderamente muy compleja, porque no solo se trataba de recabar hechos, sino “comprender las palabras y los gestos de los príncipes y de los pueblos”.

Y en el segundo, subrayó que uno de los grandes legados de Maquiavelo fue el de enfatizar sobre el conocimiento de la historia, porque “la historia se repite siempre, es cíclica”.

El peligro es tal que ¿Salinas de Gortari está dispuesto a participar dentro de este enrarecido ambiente de júbilo, luto y mentadas de madre multidireccionales?

Porque lo que es innegable es que el fin de los privilegios de los grupos hegemónicos, tanto políticos como económicos, ha dirigido la conversación vaticinando un gran fracaso de López Obrador, olvidando el tsunami del 01 de julio pasado.

Además, no solo pretenden adivinar, aseguran ya que no podrá cumplir sus promesas de campaña por la falta de recursos derivada de sus errores incluso antes de tomar protesta, como el del NAIM, o por la falta de pericia y experiencia de su gabinete, hay quien se atreve incluso a poner en duda el apoyo y aprobación de la ciudadanía.

¿Pasarán de los dichos a la acción y a cualquier costo, intentarán hacerlo fracasar?

Si le va mal a López Obrador, le irá mal a México.

Es indispensable que muchos de los nuevos críticos, algunos de ellos que dejaron pasar ciegamente tanto muertos como desaparecidos, otros que no le dieron importancia a la “Estafa Maestra”, otros que cobijaron a los Duarte, a Borge y a Emilio Lozoya, reflexionen sobre la profundidad de la crisis en la que nos están dejando y se conviertan en verdaderos contrapesos sólidos y creíbles, no en marionetas o voceros del pasado.

En esa misma línea de ideas, tenemos que afirmar que todos los contrapesos serán sin desperdicio: las organizaciones de la sociedad civil, las instituciones autónomas del Estado y por supuesto una prensa libre, crítica y responsable.

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