A un año del triunfo

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A un año del aplastante triunfo que dio lugar a una nueva alternancia en el poder, festejarlo es un acto simbólico, lógico e incluso necesario para renovar los votos y alimentarse del espíritu de un Zócalo que espera abarrotar; en mi opinión eso no es criticable.

Sin embargo, de nada servirá la verbena popular sin un ejercicio de introspección, de autocrítica, de reorientación y corrección para enmendar los errores.

Si algo no se le puede regatear a López Obrador, es su liderazgo; su capacidad de tener un diagnóstico certero de la situación del país y de las necesidades de la sociedad; lo que le permitió tener un triunfo arrollador en las elecciones de hace un año.

Durante la campaña, su comunicación política fue excepcional pues lograron que sus mensajes penetraran en la sociedad; sus causas, se convirtieron en las causas de la mayoría; sus objetivos eran claros; sus demandas totalmente legítimas; y sus anhelos planteados en campaña, eran nuestros sueños dorados: acabar con la corrupción, con la impunidad y el desmantelamiento de los grupos privilegiados del poder.

Llegar al poder era el primer gran reto, finalmente, se logró; ejercer el poder, es algo diametralmente distinto y ejercerlo de manera eficiente, aún más; en esta etapa no es suficiente tener el mejor diagnóstico, es indispensable saber cómo hacerlo, y usted disculpe, pero sí tiene ciencia además de sentido común, el saber gobernar.

La “Cuarta Transformación”, el objetivo supremo de López Obrador, es una tarea titánica, que sin duda lleva tiempo; la herencia del régimen anterior y los intereses económicos que están involucrados, se han convertido en una verdadera oposición, al menos la única que realmente está articulada; sin embargo, eso ya lo tenía que haber sabido el que hoy es nuestro presidente, por lo tanto, ya no puede ser excusa ni pretexto.

El mayor de los problemas es que pareciera que no existe una hoja de ruta perfectamente trazada, meticulosamente precisa, con objetivos claros, con tiempos establecidos y con un excepcional y pulcro manejo político.

Decía esta semana el coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal:

“Veo a un presidente muy activo, muy proactivo, muy dinámico, que no descansa, y veo a un gabinete que no está en el acompañamiento. Veo a un gabinete cuya curva de aprendizaje ha sido larga, pesada, pero me gustaría ver a un gabinete más cercano. Siento al presidente que hace todo, pero necesita que su gabinete lo acompañe más”.

En mi opinión, el senador se quedó muy corto.

¿Dónde está el gabinete? ¿Dónde está el coordinador de Comunicación Social? ¿Dónde están los asesores? ¿Dónde está la estructura?

Pareciera que no se han dado cuenta que independientemente de la mala leche, la eficiencia desplegada en estos siete meses de la Administración, no ha cumplido con las expectativas.

La eficiencia no puede ser suplida por el discurso, ni el de Palacio Nacional de lunes a viernes, ni el de las plazas públicas, ambas de un solo hombre.

La eficiencia no puede ser sacrificada por la “austeridad republicana”, y mucho menos por la mal entendida, como la de los asesores inexpertos de Pemex.

La eficiencia no está peleada con la lealtad, ni siquiera con la subordinación, y si así fuera, tienen que encontrar el mecanismo correcto para poder confiar y al mismo tiempo que su equipo trabaje de manera eficaz y eficiente.

La eficiencia no es neoliberal, señor presidente.

Los movimientos erráticos del ejercicio del poder, que cada vez son más frecuentes, se acumulan si no son enmendados; el recule es bienvenido, mientras no sea plan con maña.

Andrés Manuel:

No es un acto heroico poner a prueba su liderazgo, su popularidad y su aceptación, cada semana; es tiempo de hacer los ajustes necesarios; de ser más congruentes con lo que movió a las masas en campaña; pero sobretodo, de ser realmente eficientes en el ejercicio diario de gobernar a México.

Hoy, a un año del triunfo, no queremos tener grandes recuerdos de la campaña y del triunfo electoral; queremos y requerimos, un cumplimiento puntual y cabal de los compromisos ofrecidos, está usted muy a tiempo.

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