Amnistía sexenal

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Han transcurrido dos años con tres meses desde que el Departamento de Justicia de Estados Unidos diera a conocer su investigación sobre el mayor caso de corrupción en América Latina: Odebrecht.

El 21 de diciembre de 2016, las autoridades estadounidenses revelaron que el conglomerado brasileño Odebrecht, habría pagado cientos de millones de dólares en sobornos a expresidentes, vicepresidentes, presidentes y funcionarios de alto nivel de al menos doce países, a cambio de beneficios y contratos.

Como ya es conocimiento de todos, México es uno de esos países, y al contrario de lo que ha ocurrido en la mayoría de ellos, donde sus Fiscalías, tras diligentes indagatorias, han logrado arrestar y llevar ante los tribunales hasta a expresidentes y sus cónyuges, logrando condenas como la que un juez le impuso al vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, sentenciándolo a seis años de prisión por el delito de asociación delictuosa por el caso Odebrecht; mientras tanto en nuestro país, la justicia no llega, está lejos de aplicarse.

Mientras en Colombia, Brasil, Panamá, Ecuador, El Salvador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, las investigaciones, detenciones y condenas avanzan, en nuestro país, la información sobre el caso Odebrecht, la reservan. No hay hasta la fecha, ningún detenido por este entramado de corrupción de alto nivel. Preso, menos.

El 12 de marzo pasado, la Fiscalía General de la República (FGR) confirmó que la información sobre el caso Odebrecht se mantendrá reservada hasta por un período de cinco años, argumentando que la investigación está en curso y debe de respetarse el debido proceso, ya que uno de los involucrados, el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin cuenta con una suspensión definitiva de un juez en materia administrativa. Pese a órdenes del INAI de transparentar el caso, la FGR reserva la información del mismo por cinco años. Qué bonita rendición de cuentas tenemos.

Mientras al exmandatario de Brasil, Michel Temer, acaba de ser arrestado, acusado de liderar una “organización criminal” que recibió sobornos a cambio de favorecer a empresas, una de ellas, Odebrecht, el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin, vive fuera de México, amparado por nuestras leyes mexicanas y su amigo, el expresidente Enrique Peña Nieto, sigue gozando de la amnistía sexenal que al parecer le dieron, apareciendo en portadas de revistas del corazón al lado de quien supuestamente es su nueva pareja sentimental; feliz, despreocupado, quitado de la pena, como si no hubiera saqueado a un país y lo hubiera dejado bañado en sangre.

Mientras en otros países las fiscalías autónomas e independientes hacen su chamba, en México, parece que las instituciones encargadas de procurar justicia, compiten entre sí, para ver cuál es la que mejor funge como abogado defensor de funcionarios corruptos, y es que de veras, nuestro sistema judicial es una aberración, está diseñado para que los criminales de cuello blanco no pisen la cárcel. Parafraseando al escritor uruguayo, Eduardo Galeano: “la justicia es como las serpientes sólo muerde a los descalzos”.

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