AMLO Y EL PADRE SAVONAROLA

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Todos los presidentes de México han llegado al poder gracias a los pactos y alianzas que firmaron o hicieron de palabra con diferentes grupos y sectores mientras eran candidatos.

Pero no es lo mismo hacer compromisos con los empresarios o los obreros y no poder cumplirlos, que con grupos subversivos como la CNTE de Oaxaca, la CETEG de Guerrero o los cárteles del narcotráfico.

Si López Obrador va a ganar el 01 de julio -como aseguran las encuestas- lo hará gracias a las agrupaciones y movimientos más radicales.

Con aquellos que tienen su origen lo mismo en la guerrilla que en guardias comunitarias o en organizaciones populares que aglutinan a miles de pobres.

La estructura del partido MORENA, como lo ha repetido en varias ocasiones uno de sus más destacados militantes, Paco Ignacio Taibo, es producto de un movimiento socialista y antineoliberal que no está dispuesto a permitir el desvío ideológico, ni la claudicación a favor de intereses contrarios a su pensamiento.

¿Qué va a suceder, entonces, cuando López Obrador tenga que tomar decisiones contrarias a los líderes y seguidores más fanáticos e intolerantes de su partido?

¿Con quién va a gobernar AMLO? ¿Con los empresarios a los que un día llama “minoría rapaz” y al otro les extiende la mano; o con esa izquierda vociferante que le exige expropiar empresas cuando asuma el poder?

López Obrador es un hombre autoritario que no tiene palabra. De llegar, va a gobernar sin importarle dar la espalda a sus más fervientes seguidores.

El hoy candidato a la Presidencia de la República corre el riesgo de tener el mismo destino que el fraile dominico Savonarola: puede ser ahorcado y llevado a la hoguera por los radicales e intolerantes que él mismo cultivó.

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