¿ALGUIEN CONOCE EL PARADERO DE AMLO?

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Desde hace varios días, López Obrador sufre un serio trastorno de identidad.

Cuando se levanta de la cama y se mira en el espejo desconoce su propia imagen y cuando acude a los mítines habla como un político sin memoria, contradictorio  e ideológicamente extraviado.

Elena Poniatowska, una de las figuras más cercanas a su movimiento, le hizo notar públicamente que se estaba equivocando. La escritora  puso frente al líder de MORENA una cartulina que decía: No al PES.

Es decir, no a la coalición con el Partido Encuentro Social.

El precandidato de MORENA respondió al señalamiento de Poniatowska a la manera de un oportunista de pacotilla. Palabras más, palabras menos, le dio a entender a ella y a su fiel rebaño que él era de todo: lo mismo guadalupano que juarista y si lo hubieran apurado también podría haber agregado que comunista y capitalista; ateo y creyente; abortista y contra abortista.

El precandidato, con el propósito de parar de una vez la critica interna,  se descara y suelta: “La alianza con el PES es para derrotar a la mafia del poder”

Lo que traducido significa: me aliaré con quien sea, incluso con los mismo narcos, como ya lo anunció, para ganar el 2018  como sea y al costo que sea.

Con lo que no contaba el Mesías es que su cinismo moral ha comenzado a cobrar víctimas y dolientes. Una de ellas es la comunidad LGBTTTI cuyos derechos no solo son desconocidos, sino rechazados por el Partido Encuentro Social. 

El PES, hay que reconocer, es un partido totalmente fiel a su dogmatismo. Primero muertos, que legislar a favor del aborto, el matrimonio igualitario o la familia homoparental.

Si la encuesta Gallup es correcta,  en México la población gay suma más de 9 millones de personas. Es decir, un partido como el PES se da el lujo de tener como adversarios a  9 millones de ciudadanos.

Opositores que heredaría  López Obrador, con todo y haber salido a decir que el acuerdo político con Encuentro Social no significa que MORENA deje de creer en la libertad sexual de las personas.

El pragmatismo  lópezobradorista, esa moral líquida del tabasqueño, -como la llamaría Zygmunt Bauman-  ha comenzado a provocar, cuando menos, escepticismo entre sus seguidores.

Entre sus seguidores y sobre todo en esa izquierda que emigró del PRD a MORENA pensando que ahí no habría traiciones ni contradicciones y sí  congruencia ideológica.  

Más, lo que  nunca imaginó es que el Mesías, ese baluarte de la honestidad, iba a ser víctima de un serio trastorno de identidad.

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