Al diablo con la democracia

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La Corporación Latinobarómetro realizó su encuesta anual sobre distintos aspectos de la vida política y social en América Latina, una de las grandes conclusiones es que los habitantes en México ya no tienen fe en su democracia, pues su apoyo a la democracia cayó a su nivel más bajo en las mediciones del estudio, con base en base la encuesta que se realiza anualmente en 18 países de la región.

En su edición 2017, Latinobarómetro registró que el 56 por ciento de los adultos en nuestro país está de acuerdo con la frase “la democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno”, mientras que en 2016, el mismo estudio registró un 71 por ciento de acuerdo; esta caída de 15 puntos porcentuales en el último año es extremadamente preocupante considerando que en el 2018 se realizarán elecciones para elegir al Presidente de la República, además de la renovación de la Cámara de Diputados y de Senadores, y ocho gubernaturas.

Sin embargo, es perfectamente entendible por la cantidad de escándalos de corrupción a todos los niveles, en particular con los explosivos casos de los ex Gobernadores y a nivel federal con el espionaje de “Pegasus”, la “Estafa Maestra” y Odebrecht, como protagonistas estelares de casos totalmente desatendidos y por lo tanto inconclusos y con total impunidad.

Otro de los indicadores del estudio Latinobarómetro se refiere a cuánta gente prefiere a la democracia sobre el autoritarismo y de acuerdo con la edición 2017 la preferencia por la democracia bajó de 50 a 42 por ciento en el último año; aunque esto no significó que las preferencias por un gobierno autoritario hayan aumentado, por el contrario, también bajaron de 19 a 15 por ciento.

La indiferencia hacia el tipo de régimen, desgraciadamente, es quien ganó todos los puntos en disputa; según el estudio, la proporción de mexicanos que dijo que le da lo mismo tener un régimen democrático que uno no democrático aumentó de 31 a 43 por ciento.

Este, es el nivel más alto de indiferencia política que se registra en el país desde 1995, cuando inició su registro.

Esta creciente indiferencia es una clara consecuencia de que este Gobierno le ha transmitido a la sociedad que no existen ventajas reales dentro de un Estado supuestamente democrático (aunque en la práctica no lo sea), sobre un régimen autoritario, la línea divisoria en la percepción, se ha perdido, la ciudadanía ya no distingue la diferencia debido al deficiente funcionamiento del anquilosado sistema político mexicano.

Por otro lado, el porcentaje de mexicanos que está muy o algo satisfecho con la forma en que la democracia funciona en México, es tan solo del 18 por ciento, superado por el 12 por ciento registrado en 1996, bajo una de las crisis económicas más drásticas del siglo pasado.

Ante la pregunta: ¿cómo describirían al país en términos democráticos?, el 2 por ciento señaló que México es una democracia plena, 16 por ciento dijo que es una democracia con pequeños problemas, 50 por ciento apuntó que se trata de democracia con grandes problemas y el 16 por ciento afirmó que México no es una democracia.

Para rematar, el estudio revela que la confianza en los partidos políticos también cayó a su nivel más bajo desde 1995: según la medición 2017, solo el 9 por ciento confía en los partidos, es decir casi nula, nunca antes había descendido a un solo dígito, pero a decir verdad, se lo han ganado a pulso.

La crisis de la partidocracia ha sido tal, que de acuerdo con el análisis, en el último año, los partidos perdieron 12 puntos de la confianza ciudadana, que demuestra claramente la dimensión del problema; México se encuentra inmerso en una crisis de credibilidad y confianza en las instituciones en general, algunas que anteriormente gozaban del beneplácito ciudadano como las Fuerzas Armadas, también van a la baja pues disminuyó de 61 a 52 por ciento y el Congreso, que va muy de la mano de los partidos políticos, pasó de 32 a 22 por ciento.

México también se posicionó en el último lugar, con un 54 por ciento de los encuestados, en el rubro denominado “Democracia Churchilliana”, cuya definición indica que es aquella por la cual los ciudadanos defienden la democracia como sistema de gobierno a pesar de reconocer que éste tiene problemas y errores, sin embargo se defiende no por sus virtudes sino porque no queda de otra.

Comparado con los otros países incluidos en el estudio, el apoyo a la democracia en México es el más bajo de toda América Latina, y tal parece que a los partidos políticos y a esta administración les viene guango, incluso pareciera que siguen fomentando la indiferencia, como una estrategia para mantener el poder.

Por lo pronto, la crisis por la que atravesamos es sumamente compleja, tanto, que tal parece que el círculo rojo del poder ha tomado una decisión:

¡Al diablo con la democracia! Bienvenida la dictadura más que perfecta, sin Procurador General de la República, sin Fiscal de Delitos Electorales, sin Fiscal ni Magistrados Anticorrupción y sin Fiscal General de la República, como una estrategia sin desperdicio… para enfrentar el proceso electoral más complejo de la historia moderna.  

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