Actos de poder

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¿Cuántas muertes quieren por Ovidio?

Ninguna. Ni siquiera la del hijo del Chapo.

Leo a Élmer Mendoza en El Universal y dice: “Porque poseo sentido de justicia, le hago saber (al presiente López Obrador) que la solución final me parece correcta. Las familias culichis se lo agradecemos, sobre todo las de los militares, que eran las que estaban directamente amenazadas por los delincuentes que brotaron como una maldita plaga…”, y a pesar de este reconocimiento, Mendoza no es nada suave cuando se refiere a la estrategia -si la hubo- fallida del gabinete de seguridad.

Eso piensan en Culiacán, pero en el altiplano, leo, escucho y recibo mensajes de indignación: el Estado, el presidente y las fuerzas armadas se “humillaron” ante los delincuentes.

Como a muchos, me enoja y preocupa la fallida operación para detener a un personaje que tiene notoriedad por ser hijo de quien es. Pero me preocupa más que la sociedad esté totalmente indignada porque no hubo acción de fuego del Ejército y de la Guardia Nacional. Tal vez la idea del calderonismo de que las bajas “colaterales” eran el precio que debíamos pagar para “vencer” a los malos permeó más de lo que imaginamos.

¿Qué tendríamos que decirles a los padres de un niño, un adolescente o un joven que su hijo murió en el fuego cruzado pero que Ovidio fue detenido para llevarlo a los Estados Unidos? ¿Alguien ha pensado la reacción de un soldado que está asignado a Oaxaca y se entera que su familia, en Culiacán, fue acribillada por delincuentes que pretendían evitar la detención de Ovidio?

Tal vez, los que acusan al presidente y al general secretario de falta de carácter y valor, estarían satisfechos con algún argumento como el que “los civiles caídos estaban armados hasta los dientes”, siendo inocentes y que su único error fue estar en el lugar menos indicado, a la hora menos precisa porque un operativo mal planeado y peor ejecutado, provocó extrema violencia en Culiacán.

Los secretarios de la Defensa, de Seguridad y los responsables de las áreas de inteligencia nos deben una explicación exhaustiva de todo lo que falló. ¿Por qué no previeron que los delincuentes los superarían en número de elementos? ¿Y la inteligencia del Estado, la que ya no espía a los opositores, pero sí a los delincuentes, qué datos dio? ¿Quién dio la orden de actuar? ¿Alguien le filtró a los Guzmán que iban por ellos? Esas son las preguntas que deben responder los mandos al presidente y a la sociedad.

A partir de hoy, cada operativo de las fuerzas del orden debe tener cálculos precisos antes de entrar en acción.

Y hay que exhibir y castigar al que, o a quienes, fallaron. Lo de Culiacán no se debe repetir.

La Letrina

Mientras se debatía en la “sociedad” el fallido operativo de Culiacán, el embajador de los Estados Unidos, Cristopher Landau, visitaba Matamoros, Tamaulipas. Esa entidad está recuperando, poco a poco, la confianza de inversionistas y turistas de México y el extranjero. Landau da voto de confianza con su visita, mientras que, en las cañerías de la política mexicana, intentaban desestabilizar al estado con el amago de la desaparición de poderes. 

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