Actos de Poder

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Un Madrazo para la historia

Roberto Madrazo Pintado, excandidato presidencial del PRI, dijo en una entrevista radiofónica que, en sus listas, en el proceso presidencial del 2006, López Obrador estaba arriba de Calderón.

Madrazo supo que, desde su rompimiento con Elba Esther Gordillo y la confrontación que tenía con los miembros del TUCOM, no sería presidente de México. Además, sabía bien que los gobernadores priistas no estaban con su candidatura.

La “revelación” de que, en “sus listas”, Andrés Manuel estaba arriba pero que no las entregó “porque no se las pidieron”, son una característica muy madracista.

Cuando al tabasqueño se le cuestionaba cómo contrarrestaría aquella campaña emprendida por el SNTE de “¿Tú le crees a Madrazo? Yo tampoco”, no tenía más respuesta que una sonrisa y decía que era parte de la política y las traiciones en su partido. Se refería a Elba Esther Gordillo con quien se declaró una guerra a muerte (política, por supuesto).

Aspirantes a candidatos a senadores, gobernadores, diputaciones y alcaldías juraban que Madrazo ya los había “palomeado”. Cuando los abanderados del PRI eran otros, todos los derrotados calificaban a Madrazo de mentiroso y se lamentaban de “haberle creído una vez más”.

El día de la elección, luego de haber cerrado las casillas, y cuando era inminente que Luis Carlos Ugalde, consejero presidente del IFE, diera a conocer las tendencias electorales, varios de los operadores de Madrazo fueron con los reporteros que cubríamos la fuente para pedirnos que habláramos con los directivos de las empresas y se convenciera a Ugalde de no revelar resultado alguno. Lo cerrado de la elección, nos decían, podría provocar un conflicto mayúsculo para la estabilidad del país si daba por ganador a cualquiera de los dos candidatos punteros.

Esas eran las listas de Madrazo, las reales, las que le dejaron claro que estaba en un lejanísimo tercer lugar y que López Obrador o Calderón ganarían. Eran las listas que pusieron al PRI al borde de desaparecer, no como en el 2000. Eran las listas que le daban un revés y ponían en alerta al partidazo que los gobiernos estatales de Tamaulipas, Estado de México, Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo estaban en malos pasos.

Pasaron 12 años para que Roberto Madrazo diera una versión, personalísima, fuera de la institucionalidad del “partido de las leyes” y de la corrección política que podría no concordar con lo que dijo en 2006. Recobró la memoria.

Pero no es el único. ¿Quién dice ahora que Vicente Fox y Elba Esther Gordillo operaron en los márgenes de la ley? Luis Carlos Ugalde debe “complementar” su versión de lo que vivió como consejero presidente del IFE y revelar cómo fue presionado él y el Instituto para declarar vencedor a Felipe Calderón.

Otros que deben dar su versión, por la salud pública del país, son quienes eran magistrados del Tribunal Electoral. No basta que hayan dicho que Fox, ese traidor a la democracia, puso en riesgo la elección. El presidente intervino en la elección y había cómo anularla.

El silencio de cada uno de los magistrados le ha hecho daño al país. Por eso se vive hoy la misma división entre mexicanos. Por eso, hay delincuentes electorales que siguen activos en la política nacional.

Pero tal vez, tanto Ugalde como los magistrados, se lleven sus secretos “de Estado” a la tumba.

Las preguntas hoy no van hacia Madrazo, lo conocemos, pero sí a Ugalde, los consejeros y los magistrados. ¿Cómo y por qué aceptaron la presión? ¿Compartían aquello de que Andrés Manuel era un peligro para México? Hoy pueden, y deberían, contarnos qué pasó.

México se los agradecerá.

La Letrina. ¿Lo que hizo la vicepresidenta de la Cámara de Diputados está semana fue el mandato que le dieron a Morena los 30 millones de electores que votaron por ello? Definitivamente no. Eso de usar el cargo en la Mesa Directiva para hablar en nombre de su bancada rompe con la institucionalidad de la Cámara. Dolores Padierna se equivocó. Ojalá reconociera y se disculpara pues no ofendió solo a sus pares, sino a los electores de cada uno de ellos.

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