Acoso electoral

Imagen de spot de Morena en la campaña del Estado de México en 2017.
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En los próximos días y semanas, se irán develando los nombres de los candidatos a la Presidencia de la República de los partidos políticos que contenderán para el cargo y a cuyo vencedor conoceremos el primer domingo de julio del 2018.

Salvo el caso de AMLO por parte de Morena, de quien desde siempre hemos sabido que será candidato del partido que fundó y del cual es prácticamente propietario, en los demás la situación aún estaría por definirse, si bien en el PRI como un strike cantado desde hace varios meses y salvo un sorpresivo golpe de timón, la candidatura de José Antonio Meade podría anunciarse este mismo lunes.

Los del Frente PAN-PRD-MC, no logran ponerse de acuerdo y el resto de los mini partidos terminarán por hacerlo después de los grandes, ya sea buscando coaliciones o subiendo a alguno de los independientes que no logre reunir los apoyos suficientes, aunque en realidad a pocos les importe. Lo único fundamental para éstos será como siempre, mantener el registro que va de la mano de sus prerrogativas económicas.

Pero de todo ello ya nos enteraremos, aunque la realidad muestre que la enorme mayoría de los ciudadanos tiene un enorme desinterés por los asuntos políticos, provocado principalmente por las enormes decepciones que hemos sufrido por parte de quienes nos gobiernan y que no han sido capaces de garantizar nuestros derechos fundamentales, principalmente en materia de seguridad.

Pero lo más ominoso y criticable de la temporada política que está por comenzar a partir de diciembre, será sin duda la cantidad de propaganda electoral a que los ciudadanos estaremos expuestos durante los próximos meses.

Los medios de comunicación hablan de la emisión de cuando menos 55 millones de spots publicitarios en radio y televisión, de los cuales más de 33 millones corresponderán a los partidos y a los candidatos y la diferencia, o sea 22 millones de anuncios serán para las autoridades electorales, principalmente el INE, (gravemente desprestigiado), los institutos electorales estatales y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, instancia esta última por demás carente de credibilidad, pues como se ha evidenciado reiteradamente, sirve principal, si no es que únicamente, a los intereses del gobierno y del partido oficial.

Más de uno se preguntará ¿Habría quizás algún recurso legal que interponer para evitar ser torpedeado incesantemente por millones de anuncios relativos a las presuntas virtudes de los candidatos y de sus promesas que por lo demás sabemos de antemano que no serán cumplidas? Desgraciadamente no.

¿Cuántos cientos de millones de pesos se gastarán en su producción? ¿No podrían esos recursos ser mejor empleados en la reconstrucción de las zonas afectadas por los recientes sismos?

Las respuestas son por demás evidentes, pero quedarán en el limbo, pues nadie las dará desde el punto de vista del aparato gubernamental y dirán que por ley, así debe ser. Para estos temas sí son muy exactos en la observancia de las normas.

Así que preparémonos pues para el acoso incesante de partidos, candidatos y autoridades electorales por los siguientes siete meses. Nadie podrá defendernos, a ello, añadamos ahora los mensajes que correrán por millones a través de las redes sociales mediante los denominados robots mediáticos o “bots” los cuales intentarán generar tendencias y confundir a los electores pues ya está visto y es sabido que las encuestas políticas han perdido mucho de la credibilidad que alguna vez se les reconoció.

Nuestra democracia, es cada vez más cara y menos digna de confianza. El costo de cada voto es mucho más alto que en la mayor parte de los países desarrollados y a pesar de eso su credibilidad disminuye.

A la legislación que la Suprema Corte ordenó recientemente crear para regular la publicidad gubernamental, debiera sin duda añadírsele un capítulo especial que limite la generación, producción y emisión de anuncios en época de campañas electorales. Sería un buen principio, aunque muy poco probable que ocurra.

Aquí nos vemos, yo voy derecho…

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